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sábado, 15 de octubre de 2011

CARLOS CARRASCAL CLARO. LA PERMANENCIA DEL ROMANTICISMO

NUEVAS PRODUCCIONES DISCOGRÁFICAS

VIVIR LA MÚSICA CON LAS CANCIONES DE SIEMPRE


Hace ya más de cincuenta años, la voz de Carlos Carrascal ha venido deleitando a los amantes de la buena música. El ejercicio que comenzara junto al Trío Hacaritama, integrado por José "Chema" Páez, primera voz, Jorge Eliecer " Toly" Claro, segunda voz y Fernando García, se fue convirtiendo con el tiempo en una profesión que hoy sigue entregando frutos a la vasta audiencia colombiana.

Carlos Carrascal Claro es un artista bien conocido en el medio musical de Norte de Santander y del país. Nacido en Ocaña, abogado, radioaficionado, miembro de la Sociedad de Autores y Compositores SAYCO y amante de la cultura, mantiene viva toda su capacidad creadora. Junto con sus hermanos Alfonso y Orlando, llevó a cabo la gigantesca empresa de divulgar en Colombia la música y la poesía ocañeras con la producción del LD titulado “Ocaña, geografía del recuerdo”, que vio la luz en 1975.

Nos complace y enorgullece presentar esta nueva producción de Carlos signada, como todas las anteriores, por la calidad en el contenido y en la forma.

Las canciones de siempre, boleros y rancheras inolvidables, cobran nuevos bríos en la voz de este intérprete, compositor y poeta que se destaca como uno de los más representativos de la música actual nortesantandereana. “Un viejo amor ni se olvida ni se deja/un viejo amor de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice: adiós”, recuerda Carlos Carrascal, al interpretar este himno que inmortalizaran los clásicos del viejo bolero. Otros temas, como Nosotros, Sigamos pecando, Tú me acostumbraste, Bésame mucho y La número cien, nos llevan de la mano por las callejas de Ocaña, cuando las serenatas se enseñoreaban en el alma del pueblo y hacían las delicias de las bellas jovencitas que, asomadas a los balcones o mirando a través de las entreabiertas ventanas arrodilladas, suspiraban por el galán que rompía el silencio de las noches estrelladas al son de las guitarras y los tiples andinos.

De aquellas épocas cargadas de elegancia y de sensibilidad artística, también nos recuerda Carrascal Claro las rancheras que solían cantarse en esas serenatas y en las amenas tertulias familiares o sociales que se llevaban a cabo con frecuencia. Canción mixteca, Despacito, Cien años, Paloma negra y otras no menos sentidas, recobran sus años mozos en la voz de este artista que día a día cultiva con amor y esmero la herencia romántica de Ocaña.

Todos los temas musicales que se condensan en esta producción, nos devuelven la memoria de solistas inmortales y de aquellas agrupaciones que expresaron el sentimiento romántico de Latinoamérica. Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Chavela Vargas, Alfredo Kraus, Javier Solís, Olga Guillot, Lucho Gatica, Genaro Salinas, y Los Panchos y el Trío Guayacán, entre otros, alentaron los amores y desamores de millones de hombres y mujeres que vivieron antes que nosotros. Y tal la fuerza de esta latina vocación y de aquel romanticismo misterioso del que hizo gala el poeta José Eusebio Caro, que ni el bolero ni la ranchera han perdido su vigencia entre los melómanos de América del Sur y el Caribe.

Carlos Carrascal Claro viene de una tradición romántica que se condensó en su alma desde sus tiempos de estudiante. Fue con esta generación de finos y elegantes cantantes e intérpretes que aprendimos los secretos que se esconden tras las notas armoniosas y sentidas de la música y su mágico efecto en los primeros romances que tuvimos cuando “el sol era un niño sin calzones y niña sin bautismo la azucena”, al decir del poeta Jorge Pacheco Quintero.

Ha querido el autor regalarle a Ocaña y a Colombia, este interesante trabajo para celebrar el amor y la amistad desde el fondo mismo de su alma lírica. Los mensajes que contiene esta producción discográfica, se dirigen a las profundidades del sentimiento y buscan renovar los valores eternos del hombre y de nuestra cultura, hoy afectada por el impacto de las modas y las importaciones de aires musicales ajenos a las viejas y nobles tradiciones.

Desde estas líneas, invitamos a quienes se solazan con dulces recordaciones y aún llevan dentro de sí el encanto de la serenata, a escuchar la voz de Carlos Carrascal Claro y a seguirle rindiendo tributo al alma romántica que sigue anidando en las callejas y viejas casonas solariegas que aún se mantienen en pie.

Luis Eduardo Páez García



1 comentario:

Carlos Carrascal dijo...

Luis Eduardo

Estoy totalmente seguro, que en tus primeros escarceos amorosos siempre estuvo como guardia insomne una guitarra, pronta a dejarse oír en el fino diapasón de la alta noche como acompañante en tus correrías románticas y bohemias de Serenata. No de otra forma se entenderían tus apegados y sentidos arpé giros al son de boleros y rancheras de época. Esta tierra, tan pródiga en halagos y querencias para el visitante, no ha sabido catar la Honda y valiosa presencia de tu pluma en todo nuestro quehacer histórico y cultural. No me cansare de repetir que Luis Eduardo Páez García, es la continuación de esa veta rica y preciosa que fue tu insigne padre y que para nuestra fortuna, te has convertido en el fiel guardián de nuestra heredad. Como siempre, recibe un fuerte abrazó de amistad.