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martes, 22 de julio de 2014

BARRIOS ANTIGUOS DE OCAÑA




Por Luis Eduardo Páez García
Academia de Historia de Ocaña

Los estudios sobre el desarrollo urbanístico de Ocaña, conformación de sus primeros barrios, equipamiento urbano, primeras invasiones, etc., se encuentran dispersos en artículos periodísticos, desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, en las obras históricas publicadas en la Biblioteca de Autores Ocañeros (Vol. 5), en varios libros del historiador Jorge Meléndez Sánchez; en lo que anotamos en nuestro libro sobre la Historia de la Región de Ocaña; en el estudios diagnóstico del Centro Histórico de Ocaña, del Arq. Moisés Enrique Urbina Pacheco;  en varias obras del historiador Mario Javier Pacheco y, últimamente, en el muy completo ensayo del Arquitecto y catedrático universitario Luis Armando Ortíz Álvarez.

Desde la década de 1970, el tema del urbanismo en Ocaña ha sido motivo de constante preocupación por parte de la comunidad y de los investigadores, debido a la creciente destrucción del patrimonio arquitectónico y a la inoperancia reiterada de la oficina de Planeación Municipal. Desde 1997, cuando se expidió la Ley 397, o Ley General de Cultura, los pronunciamientos sobre la necesidad de preservar el área histórica fundacional, han sido cada vez mayores y, de igual manera, los atropellos cometidos contra nuestro patrimonio material han arreciado de manera inmisericorde ante la mirada indiferente de las autoridades.

Estas circunstancias motivan, con sobrada justificación, el presente ensayo que busca sensibilizar a nuestras gentes sobre la importancia de nuestro patrimonio histórico, la divulgación de la génesis de los primeros barrios y de algunos aparecidos  desde 1963, cuando se produjo la primera invasión a predios urbanos.

EL CENTRO

La fundación de la ciudad de Ocaña, el 14 de diciembre de 1570, dio lugar al establecimiento de un conglomerado de españoles  bajo la autoridad del Capitán Francisco Fernández de Contreras. La estructura urbanística inicial obedeció a la legislación que la Corona española había implementado en sus posesiones americanas. Es decir, el trazado  reticular ortogonal o en damero, a partir del cuadrado de la Plaza Mayor.


Centro histórico, sector de la Plaza del 29 de mayo

Centro histórico, sector de San Francisco

Su consolidación data de 1570, cuando fue fundada la ciudad. Inicialmente comprendió las ocho manzanas entorno a la Plaza Mayor (hoy Plaza del 29 de mayo), y luego fue extendiéndose  por las calles 10 y 11 entre las carreras 6 y 14. Allí habitaron los primeros conquistadores y pobladores de Ocaña en épocas de la Colonia y hasta entrado el siglo XX.

ÉPOCA COLONIAL
La formación espacial española, durante la Colonia, suplantó  el modelo prehispánico circular y radiocéntrico  por el reticular ortogonal, con las siguientes consecuencias:

      “Paso del autodesarrollo libre al desarrollo inducido e impuesto.
      Sustitución de la planificación “natural” por la planificación colonialista.
      Contradicción entre la extensión ilimitada de los medios naturales de producción y el reducido del nivel de las fuerzas productivas, trayendo a consecuencia una prolongada crisis demográfica y productiva.
      Marcada disminución del territorio vital y paso al reducido poblamiento español, por medio de escasas “ínsulas” y enclaves, configurando una reducida red de aldeas.
      Anulación de la propiedad comunal, expropiación e implantación de la propiedad territorial privada.
      Crisis y desaparición de la geometría del círculo e implantación hegemónica definitiva del trazado urbano en el ángulo recto.
      Surgimiento de la ciudad como instrumento y reflejo del Estado colonialista”.

APARICIÓN DEL LATIFUNDIO URBANO
La ciudad se estructura de acuerdo a categorías de propiedad establecidas por los españoles. Para el caso de Ocaña, el predio residencial urbano  (solar) se fragmenta en cuatro partes que se entregan a los principales conquistadores y pobladores.

De igual manera, la Plaza principal se sacraliza localizando en sus frentes las edificaciones para albergar a las autoridades y a los representantes de la Iglesia, como se observa en el primer plano que conocemos de Ocaña.

LAS PRIMERAS CONSTRUCCIONES

Las evidencias documentales nos muestran que las primeras edificaciones sobresalientes levantadas en Ocaña, corresponden a las iglesias de San Francisco (1583-84), San Agustín (1596) y Santa Rita. Luego, seguirían construcciones institucionales como la casa del cabildo, y los templos de la Torcoroma, el Dulce Nombre, y las residencias establecidas sobre las calle Real (calle 11) y de la Amargura (calle 10), entre las que citamos la de las familias Quintero (Palacio Municipal), Lemus (frente a la Torcoroma), Museo Antón García, y otras.

Nombres de las primeras calles:
Calle Nº 1. Hoy carrera 12
Calle Nº 2. Hoy carrera 12

Algunas denominaciones antiguas de las calles del Centro Histórico, tomadas de periódicos del siglo XIX:

Calle Real (Cl. 11)

Calle Real, carrera 11. Foto Carlos J. Vega V.

Calle de la Amargura (Cl. 10)

Calle de la Amargura, entre carreras 9 y 12, Década de 1930

Calle de la Igualdad (Cra. 12 , de la calle 10 hacia en Cementerio)

Calle del Comercio Nº 1 (calle 12 entre carreras. 12 y 13)

Calle del Comercio N° 1. Finales del siglo XIX

Calle del Comercio Nº 2 (cra. 13, entre 11 y 12)
Calle Santander (Cra. 12, entre  11 y 13)
Calle Bolívar (?)
Calle Sucre (?)
Calle de San Luis Nº 1 (Calle 12 entre 10 y 11)
Calle San Luis

Calle de San Luis Nº 2 (Cra. 11 entre 11 y 12)
Calle de El Carretero (Cl. 12 entre 8 y 9)

Con base en escrituras otorgadas hacia 1880, estos eran para esa época, sectores urbanos consolidados:
La Amargura

San Francisco

Plazuela de San Francisco

El Carretero

Vista de El Carretero. Foto Albert Toro.

La Rotina
El Cerro de las Ovejas (Cerro de los Muertos)
Los Altillos
San Agustín

Sector de San Agustín, 1888. Acuarela de Eusebio Posada
Álbum de mis recuerdos. Museo Antón García de Bonilla

Villanueva
La Piñuelita
El Tamaco 
La Costa
Las Alcantarillas
Calle del Dulce Nombre

Calle del Dulce Nombre
Las Llanaditas
El Martinete
El Llanito de Melo
El Tejarito

Barrio de El Tejarito, detalle. Foto Ocaña Hoy

Punta del Llano
La Palmita
El Palomar
Llano de Santa Ana (Llano de los Echávez)

Barrio de El Llano, detalle

PLAZA DEL 29 DE MAYO

Década de 1950

Su trazado data de 1570 cuando se fundó oficialmente la ciudad de Ocaña. En 1680, el Presbítero Diego del Barco Morineli arregló el marco de la plaza que se encontraba en mal estado. Don Manuel Benjamín Pacheco Carvajalino, a su llegada de Estados Unidos en 1881, se dio a la tarea de sembrar las ceibas que hoy adornan el Parque. Y el 20 de julio de 1894 se inauguró el primer camellón (oriental) del parque principal. Se encuentra localizado dentro de su perímetro, un busto del General Francisco de Paula Santander, erigido en 1940 con motivo del centenario del fallecimiento de este prócer. En su centro, se levanta la Columna de la Libertad de los Esclavos, erigida por esclavos libertos y ciudadanos, entre el 6 y el 22 de diciembre de 1851, para conmemorar la ley que abolió definitivamente la esclavitud en el país. En 1934, el ingeniero Luis Eduardo Quintero elaboró los planos de la primera intervención que se hizo a esta plaza. En la década de 1970 se realizó la segunda intervención. En 2003, se llevó a cabo una tercera intervención que logró recuperar algunos espacios perdidos y dar mayor visibilidad al monumento central.

Es el  más importante escenario de encuentro ciudadano Este espacio ha sido lugar de concentraciones populares de índole política, social y cultural.

Los barrios tradicionales de la ciudad de Ocaña comienzan a conformarse a partir de 1570, cuando es fundada la ciudad por el Capitán Francisco Fernández de Contreras.

Primer plano conocido de Ocaña, 1578

Inicialmente, se forma el CENTRO, que estaba conformado por el cuadrado de la Plaza Mayo y las ocho manzanas en contorno. A partir de esta distribución, que se denomina ortogonal o “en damero”, Ocaña comienza a crecer hacia lo que hoy son las calles 10 y 11, entre carreras 6 y 14.

Centro histórico de Ocaña

EL CENTRO ha sido el escenario de vivienda de las principales familias, del comercio y de la actividad social y política.

La mayor cantidad de bienes de patrimonio cultural material se encuentran en esta área.

SAN FRANCISCO

Fotografía del templo de San Francisco, finales del siglo XIX

“El barrio de San Francisco se compone de la plaza de su nombre con su vecindario, el trayecto correspondiente de la Calle de la Amargura, la Calle Real y la Calle del Carretero.
El barrio de San Francisco se hizo célebre por haberse reunido en el templo del ídem la estupenda asamblea legislativa de 1828,  y cuenta entre sus muchas glorias la de haber dado hospedaje gentil al Libertador Bolívar, en las veces que pasó por esta ciudad, en la casa de don Manuel José Trigos, donde el héroe comía y dormía cuando no bailaba hasta la madrugada al son de arpas y guitarras españolas, con las lindas hijas del dueño de la casa.
El barrio de San Francisco es cuna de hombre célebres como José Eusebio Caro, que vio la luz en la propia casa donde se está construyendo el elegante edificio destinado a Colegio Superior de Varones, como el doctor José Vicente Concha Lobo, que nació media cuadra abajo, en la casa de los Quinteros Pachecos, hoy casa en reconstrucción de los señores Paba Quintero; y en menor escala, pero siempre dentro del mérito legítimo, nacieron también Lubín Lobo Barbosa, gran señor, hombre de letras, institutor y abogado, primo hermano del doctor Concha Lobo; Manuel Barbosa Madariaga, teólogo y orador, tipo refinado, estilo renacimiento, que alternó en la cátedra del Espíritu Santo, durante su estada en Bogotá, con Cortés Lee y Carrasquilla, y nació también aquel simpático poeta jacarandoso, mezcla de bohemio y burgués, que viajó por Europa y peleó con Vargas Vila en caracas por la paternidad de un ovillejo; ese que se llamó n vida Eustoquio Quintero Rueda.
Las gentes de los barrios nordinos de ciudad para indicar el barrio de San Francisco llámanlo El Carretero, por un muy discutido error de historia, porque lo que propiamente se denominada barrio del Carretero es el trayecto de la calle que los viejos llamaron ´antigua carrera de Teorama´, a la parte sureste, a la salida para Buenavista; y débese ese nombre a la circunstancia de haber vivido allí un español que tenía una carreta para transportar objetos, quizá la primera carreta que se usara en esta ciudad, lo que también debe ser motivo de orgullo para los del barrio mencionado. Los abuelos de nestros abuelos debieron decir ´La calle del Carretero´por indicarla calle donde vivía el español de la carreta y de ahí el nombre de El Carretero.
San Francisco es uno de barrios más populosos de la población y obtuvo su nombre del convento donde hace más de trescientos años se ocultaron del mundo unos pobres frailes de la orden de San Francisco”.
(Tomado de Los barrios de la ciudad. Adolfo Milanés. En Los Cronistas. Biblioteca de Autores Ocañeros, vol. 13, 1974. P. 53-54).
EL CARRETERO.

Se denominó así, según el poeta Adolfo Milanés, porque allí vivía un español que tenía una carreta con la cual trabajaba. El barrio cobró gran importancia con la aparición de la imagen de Jesús Cautivo y la construcción de la iglesia de su nombre. Fue también una ruta para llegar al corregimiento de Buenavista y de allí hasta Cúcuta y el interior del país tomando el viejo camino de Los Callejones.
Localizado hacia el sur de Ocaña. El sector cobró importancia debido a la aparición de la imagen de Jesús Cautivo.

Sector aledaño a este barrio, es el Cerro de los Muertos (hoy Barrio 12 de octubre), que sirvió como cementerio de la ciudad hacia finales del siglo XIX.

Cada año tienen lugar los festejos en honor a Jesús Cautivo, que concentran buena parte de la población ocañera y regional, en este lugar.

VILLANUEVA

Este barrio, localizado hacia el sur de Ocaña, era uno de los viejos caminos reales para salir a Los Ángeles, de allí al Río Magdalena y luego a la zona minera de Antioquia. En este barrio se instalaron muchos comercios para atender a los campesinos  y viajeros hasta ya entrado el siglo XX. En el área funcionó la fábrica de gaseosas “Calle”, fundada por don Gonzalo Calle Ángel en 1925.

Barrio de Villanueva, detalle

Conserva buena parte de su arquitectura tradicional y se lleva a cabo, entre el 15 y el 16 de agosto, la festividad de la Virgen de Torcoroma. En épocas pasadas, este sitio contaba con numerosos comercios para atender el flujo de campesino que llegaba de la zona rural.

LA COSTA

 Plano del barrio La Costa

“Según las crónicas los barrios más antiguos de Ocaña son la Plaza Mayor, luego el 29 de mayo, la Calle Real desde San Francisco hasta San Agustín, La Costa y El Carretero.
Especialmente las construcciones del barrio de La Costa datan de muy lejana época; son casa pequeñas edificadas con fuerte y torcido maderamen, quizá cortado en los mismos alrededores, muchas de techo pajizo y casi todas con piso de tierra.
Probablemente por ser La Costa la parte más baja de la población, estaba menos expuesta a los riesgos del frio, que en ese entonces debió de ser intensísimo, pues nosotros todavía conocimos en los tiempos navideños temperaturas de 7 y 8 grados. Hasta no hace mucho existieron en La Costa unas paredes que, según los viejos, pertenecían a una casa donde se hospedaba el obispo Serrano cuando venía en diciembre.
Durante muchos años La Costa se distinguió por sus tamales y sus masatos. Allí concurría también la escasa y e inofensiva bohemia de entonces. Todos los ocañeros desfilaron durante largos lustros, los sábados por la noche, por entre las callejuelas oscuras y torcidas, en busca de ls señora Tomasa Mc´Gregor, hoy ´Maurello” debido a una perversión del vocablo, a gustar los incomparables tamales que Tomasa servía en una mesa con mantel de caniquí, en platos de barro y con cuchara de tana. Un inmenso tarro de picante completaba el sabroso bocado.
El masato era sport de los domingos y se vendía donde la señora Agapita Cano, un masato único por lo bien preparado que, luego de muerta doña Agapita, no ha habido quien lo fabrique igual.
Lo único que caracteriza hoy en simpático barrio colonial son sus huertas de mangos, que atraen y llevan durante la cosecha a innúmeras gentes del centro y de otros barrios de la población. La Costa debe su nombre a haber sido fundado a orillas del río Tejo, el rio padre de la ciudad”.
(Tomado de Los barrios de la ciudad. La Costa. Adolfo Milanés. En Los Cronistas. Biblioteca de Autores Ocañeros, vol. 13, 1974. P. 56-57).
HISTORIA

El barrio de La Costa, denominado antiguamente barrio de La Playa, es uno de los sectores urbanos más antiguos de la ciudad. Localizado hacia el centro y sur occidente, comprende las áreas actuales de El Molino, la Favorita y Milanés. Limita al norte, con el barrio de El Tejarito, al sur con Villanueva; al oriente con la calle 10 y al occidente se extiende hasta el área de la Santa Cruz..

Durante el período colonial, el barrio era el punto de partida del camino que conducía hasta Pueblo Nuevo – Los Ángeles – río Magdalena – zona minera de Antioquia, por la denominada “Trocha de Torcoroma”, “camino al río” o “Camino del Cauca”.

Las primeras menciones históricas del lugar, datan de 1850 cuando llegó a Ocaña la Comisión Corográfica bajo la dirección de don Manuel Ancízar quien describió los resultados de su itinerario viajero, costumbres típicas, aspectos geográficos, sociales y económicos, en su obra Peregrinación de Alpha.

Según el historiador Luis A. Sánchez Rizo (Monografía de Ocaña), en 1893 funcionó en la carrera 10, común a los barrios La Costa y el Tejarito, la  primera fábrica de jabón de la ciudad, que era de propiedad de la firma Escobar y Quintero, conociéndose en inmueble donde estaba localizada como “La jabonería”.
Para la década de 1960, conocimos en este mismo sector, la fábrica de velas “El Alba”, de propiedad de la familia Bonett. Igualmente, tuvimos la ocasión de conocer la tradicional tienda de las Angarita y una herrería que quedaba localizada en el costado oriental de la residencia de don Antonio L. García.

El RÍO TEJO, denominado antiguamente Río Grande, fue el recurso hídrico más importante de los ocañeros desde la fundación de la ciudad hasta bien entrada la década de 1960. Este río recorre el barrio de sur a norte, y hoy presenta graves problemas de contaminación por vertimiento en su cauce de aguas residuales a partir del sector de La Pradera.

Rio Tejo, antiguo río Grande, Alta contaminación.

A su paso por el antiguo Molino de trigo, el río Tejo permitió las operaciones de este emplazamiento productivo. En pasadas épocas, el Tejo contribuyó al establecimiento de las pequeñas industrias locales y el oficio de las famosas “lavanderas” que se distribuían en sus riberas.

 Es de anotar que el 17 de agosto de 1576 se suscribió un contrato entre Gonzalo de Orta y el Cabildo de Ocaña en el cual “el primero se comprometía a sacar agua del río Tejo y meterla en la plasa (sic) desta cidad…”. Tal documento se encuentra el Archivo Histórico de Ocaña.

EL PATRIMONIO MATERIAL DEL SECTOR

El barrio de La Costa es uno de los pocos sectores de Ocaña que aún conserva buena parte de su arquitectura tradicional. Viejas casonas con patios y huertos floridos, de tapia pisada, cubiertas de madera, caña brava y teja española, calles retorcidas y misteriosas, hacen parte del panorama general del barrio, habitado por gentes trabajadoras que guardan celosamente su legado histórico.
Panorámica del sector de la Costa, entre carreras 8ª y 9.
A la izquierda, la “Bajada de Santa Rita”, a la derecha, Calle del Embudo
Fotografía de Carlos Jorge Vega

Para facilitar el tránsito entre el barrio y el camino antiguo hacia Pueblo Nuevo, se construyó un puente hacia la década de 1920 sobre el río Tejo, que se ha denominado como el Puente del Tejarito.
Puente de El Tejarito

EL MOLINO

Hacia finales del siglo XVII o comienzos del XVIII, durante las etapas iniciales del desarrollo económico de Ocaña, se establecieron molinos de trigo en la región, uno de los cuales quedaba sobre la margen izquierda del río tejo. Este emplazamiento, denominado justamente EL MOLINO, procesaba el grano de trigo que surtía la demanda local y alcanzaba, incluso, a ser exportado hacia la Costa Atlántica, según se desprende los documentos históricos.
Vista de El Molino. Se observa la casona principal
y a la izquierda los famosos baños públicos

En 1910, se convirtió en balneario público y persistió como lugar de esparcimiento hasta finales de la década de 1970. Allí se construyeron unos cubículos recubiertos de cerámica que tenían un tubo a través del cual llegaba caudalosa el agua limpia del río. Los fines de semana este lugar se colmaba de visitantes que disfrutaban de un saludable baño y merendaban en una tienda bien surtida que se encontraba también en el lugar. En la parte superior del terreno, en una explanada, se construyó también una piscina.
El Molino. Primer plano el nuevo puente y vista
del antiguo.

En 1993, durante la administración del Dr. Luis Eduardo Vergel Prada, se declaró el lugar como Monumento Histórico Arquitectónico Municipal, mediante Decreto 204. Años más tarde, un puente de concreto reemplazó al antiguo que comunicaba el Molino con el sector de la Favorita.

LA CALLE DEL EMBUDO

Carrera 8ª entre la calle 9 y 10. Sector típico del barrio que tradicionalmente se conoce por hacer parte de la leyenda de Antón García de Bonilla. Ha conservado el empedrado y ha sido muy poco intervenida arquitectónicamente.

Comienzo de la Calle del Embudo, en la calle 10.
La construcción esquinera es el convento de las monjas

MONUMENTO A LA SANTA CRUZ

En el antiguo Cerro de El Molino, que domina la ciudad en su costado suroccidental, se levanta este monumento. En 1943 se puso la primera piedra y en 1944 se inició su construcción gracias a la iniciativa de don Rafael Pineda G., uno de los habitantes principales del barrio. El día 6 de mayo de 1945 se efectuó su bendición solemne por parte del R. P. Gelvez, en representación del Vicario general, Monseñor Daniel Sánchez Chica.

Monumento a la Santa Cruz

El monumento está constituido por una base de material sobre la cual reposa una esfera que simboliza el mundo y, sobre ella, una cruz. Todo el monumento fue hecho en ladrillo, cemento y hierro, y está encerrado en una cerca, también de material.

Vista del monumento

El monumento fue declarado como BIC de Carácter Departamental, mediante decreto 1144 de 31 de diciembre de 2003, expedido por la gobernación de Norte de Santander.

IGLESIA DE SANTA RITA

Fotografía de la iglesia de Santa Rita
hacia la década de 1950

Arquitectura colonial religiosa que data del siglo XVII. Según la tradición, sirvió como sede a los funcionarios de la Santa Inquisición. En sus terrenos bajos fue descubierto una especie de calabozo en el cual se hallaron restos humanos, grilletes y algunos objetos cuando se estaba construyendo el monasterio de las monjas. El emplazamiento fue nuevamente tapiado y hoy nada se sabe sobre su uso o antigüedad.

Iglesia de Santa Rita en la
“Bajada de Santa Rita”, carrera 9 entre
Calles 9 y 10
La Iglesia está localizada en la manzana occidental, frente al Complejo Histórico de la Gran Convención. La tradición oral ocañera vincula esta iglesia con la leyenda del encomendero Don Antón García de Bonilla.

Otra fotografía, más moderna
de Santa Rita

Fue declara como BIC de Carácter Departamental mediante decreto 1144 de 31 de diciembre de 2003, expedido por la gobernación de Norte de Santander.

PATRIMONIO INMATERIAL

FESTIVIDAD DE LA CRUZ DE MAYO

Aunque las razones históricas concretas que se tuvieron para instaurar esta celebración por parte de los cristianos no han sido suficientemente determinadas, muy probablemente obedecen al hecho del hallazgo de la Cruz por parte de Santa Elena, durante el reinado del emperador romano Constantino, o a las victorias que este obtuvo contra los bárbaros al utilizar como símbolo la Cruz, aunque varios historiadores sostienen que se remonta a épocas anteriores y es de origen pagano.

Lo cierto es que a América llegó con los conquistadores españoles y en Colombia se difundió notablemente.

En Ocaña, la celebración se remonta a la época colonial y se lleva a cabo el 3 de mayo de cada año en el barrio de La Costa. La más antigua mención histórica del acontecimiento está descrita en el obra Peregrinación de Alpha, de don Manuel Ancízar, quien escribía: 
La Santa Cruz o el “Santo Madero”
Fotografía de Mario Castellanos

"La CRUZ DE MAYO se festeja en el barrio llamado La Playa, situado al pie de la ciudad y a orillas del modesto rio que lleva el pomposo nombre de Grande. Desde las ocho de la noche comienzan a dirigirse allá los curiosos del barrio alto; ellos en el traje común o democratizados con la tolerante ruana, y ellas de pañolón y sombrerito jipijapa, no faltando ciertos grupos de caritas frescas y alegres, custodiadas por hombres vestidos con largos sobretodos negros, ajustados al talle y en las perfumadas cabezas borlados sombreros de nacuma o de fieltro; estos ciudadanos no llevan corbata sino collarín partido en dos zonas, blanca y negra. Los golpes acompasados del sonoro tamboril anuncian desde lejos dónde está el baile; conforme se baja, la gente aumenta en las calles y en las tiendas de yantar, y por último se descubre un remolino de sombreros frente a una puerta de calle que arroja sobre aquel núcleo central de los paseantes copiosa luz emanada de las velas de sebo que alumbran la sala, la cual no es grande ni puede serlo, por cuanto el baile pertenece a la cuarta clase. En el local preside un altarito lleno de flores ocupado por tres cruces que se procuran fabricar primorosamente, como conviene al pretexto de la función, agrupando a su rededor toda la iluminación. En torno de la sala reina, contra las blanquedas paredes, una fila de asientos aforrados en cuero, y encima de ellos la porción espectadora o sea la milicia de reserva en los bailes; el espacio de en medio lo llena la milicia activa congregada y movida por el tamboril, señor absoluto de los clarinetes, que a rato le acompañan perfectamente desacordados. Los bailadores funcionan en mangas de camisa, o en chaquetillas ligeras; las jóvenes sencillamente vestidas sin otro adorno que un esmerado aseo, ni más galas que la risa en los labios, la flexibilidad en los cuerpos y la confianza en el magnetismo animal de que están saturadas. El vals y las enredadas contradanzas que algún enemigo ciego de la armonía de los movimientos nos trajo, hacen el gasto de estos bailes, en que se echan de menos las danzas nacionales, tan nuestras que hasta lo malo de ellas parece bueno…" (Peregrinación del Alpha. Manuel Ancizar. 2ª edición. Arboleda y Valencia Editores. Bogotá, 1914).

Por su parte. Monseñor Manuel Benjamín Pacheco en su Monografía de la Parroquia, describe así la festividad:

“para esta festividad se ponía en escena una pieza atrayente, en la que se representaba el prodigioso hallazgo de la Santa Cruz. La fiesta se regía por riguroso programa, cuyo primer punto ordenaba la misa solemne diaconada y con sermón alusivo a la fiesta. Quedaba también dispuesta para las horas vespertinas la respectiva procesión, en la cual era llevada en hombros la cruz por los mayordomos o promotores de la fiesta. La procesión recorría las tortuosas calles del barrio y visitaba los diez o doce altares preparados al efecto artísticamente… Se construían breves arcos triunfales en los cuales siempre se tenía alguna sorpresa para el momento preciso de pasar la procesión. Los muchachos del barrio ostentaban ese día sus mejores galas, adquiridas con ahorros de su trabajo”.
Habitantes del barrio de la Costa
durante el festejo tradicional.
Foto de Mario Castellanos

Una vez construido el monumento de la Santa Cruz, el festejo incluyó la Vía Crucis hacia el cerro donde tenían lugar certámenes deportivos y celebraciones religiosas.

Para la década de 1940 la fiesta de la Santa Cruz tenía una relevancia especial en toda la sociedad ocañera que contaba con la participación de los intelectuales de la localidad.

Recorrido por las calles de La Costa
el 3 de mayo. Foto de Mario Castellanos
La histórica y colonial capilla de Santa Rita fue epicentro de estos festejos tradicionales que incluían misas, novenas y el santo rosario. La banda Municipal de Ocaña, desde su fundación en 1922, participó activamente de estas festividades y las autoridades civiles de la ciudad hicieron lo propio para darle mayor solemnidad y prestancia.

LA LEYENDA DE ANTÓN GARCÍA DE BONILLA

La denominada “Bajada de Santa Rita”, donde está localizada la iglesia del mismo nombre y la “Calle del Embudo”, han sido tradicionalmente vinculadas a la leyenda del encomendero Antón García de Bonilla, cuya figura fantasmal dicen haber observado los antepasados y los ancianos del sector, recorriendo en veloz potro de fuego estas callejas coloniales.

Antón García de Bonilla. Recreación
de Miguel Páez Pacheco
Don Antón García de Bonilla es uno de los tres o cuatro personajes del mismo nombre, descendientes todos del primer Antón que vino con el fundador de Ocaña en 1570 y participó en el proceso de consolidación de la ciudad. La leyenda, muy probablemente, se refiera al último de esta línea familiar que falleció en su hacienda de San Roque de Aguachica en 1696, y que en vida contribuyó a la traída de los jesuitas para fundar un colegio en la ciudad, y aportó caudales para el establecimiento definitivo de Río de Oro (Cesar).

Antón García de Bonilla,
Óleo atribuido al venezolano Tito Salas (1887-1974),
Colegio Nacional de José Eusebio Caro, Ocaña

La leyenda cuenta que un día, atacadas sus sobrinas por una mortal enfermedad y sin posibilidad de cura en la hacienda de San Roque, el encomendero, desesperado tomó cabalgaduras y viajó hasta Ocaña donde se postró ante la puerta de la capilla de Santa Rita, abogada de imposibles, solicitándole una cura para sus amadas niñas. Prometió a la santa algo de lo cual no nos hablan los viejos cronistas a cambio de que curara a las jovencitas. Al llegar nuevamente a la hacienda, las sobrinas estaban completamente curadas. Pasaron los años, don Antón García envejeció y murió sin cumplir la promesa hecha a Santa Rita. Desde entonces, dicen los ancianos, el encomendero vaga impenitente por las rutas del sur del Cesar y Ocaña, en especial por la “bajada de Santa Rita” y la “Calle del Embudo”, en busca de consuelo para su alma atormentada.

La leyenda fue recogida a finales del siglo XIX por don Eustoquio Quintero, más adelante, en la década de 1930, enriquecida literariamente por el cronista Ciro A. Osorio Quintero, y luego por el historiador Mario Javier Pacheco. Incluso, el escritor santandereano Luis Serrano Reyes escribió un guión sobre el personaje que se convirtió en una serie televisiva.

Hoy, el Museo histórico de Ocaña, creado en 1973, lleva el nombre de Antón García de Bonilla y en San Agustín hay una estatua del famoso y legendario encomendero.

SANTA OROSIA, UNA DEVOCIÓN OLVIDADA

Un culto de menor importancia se originó en los años 1877 y 1878, en honor a SANTA OROSIA, "cuya imagen se veneraba en casa de unos señores Machados, que vivían en las cercanías de Ocaña, en el punto de `pie de la cuesta'. Las familias ocañeras solían ir en peregrinación a pagar sus promesas, consistentes en exvotos. Luego fue trasladada la imagen a esta ciudad, en donde con fondos de sus limosnas se le construyó un oratorio en el Barrio de `La Costa'. Allí se le rendían los tributos piadosos. Hoy el retablo pertenece a la Iglesia, por compra que de él se hizo a sus respectivos propietarios, construyéndose una imagen de bulto. Su fiesta se celebra anualmente el 25 de junio". (Monografía de la Parroquia. Manuel Benjamín Pacheco. Biblioteca de Autores Ocañeros Vol. 5. 1970).

Martirio de Santa Orosia. Óleo de
Paolo Calliari, 1796

Santa Orosia es la santa de los “endemoniados” y se venera en la ciudad de Jaca (España), donde se celebra su festejo el 25 de junio. La santa, que debió vivir hacia el siglos VIII, venía desde Bohemia a casarse con un príncipe Visigodo cuando fue capturada por tropas islámicas, sometida a martirio y finalmente despedazada por la soldadesca.

Santa Orosia

El retablo a que alude Monseñor Pacheco, desapareció de Ocaña como tántas otras obras de arte colonial y republicano. Desconocemos cómo era exactamente la representación. Por ello, hemos insertado aquí varias muestras iconográficas que reposan en iglesias españolas.

PERSONALIDADES QUE HABITARON EL SECTOR

Cuna o residencia de destacados músicos, literatos, religiosos y empresarios, La Costa ostenta con orgullo su condición de barrio escogido por ilustres ocañeros para habitar allí. Los casos más ejemplarizantes los constituyen el poeta Adolfo Milanés y el maestro Rafael Contreras Navarro, excelente músico y compositor cuya proyección fue más allá de las fronteras departamentales.

Músicos destacados como los Clavijo, los Osorio, los Sánchez y el maestro Carlos Guillermo Lemus Sepúlveda residieron en La Costa.

Frente a la iglesia de Santa Rita, vivió uno de los viejos bardos ocañeros nacidos en la década de 1910: Don Efrain Jácome Rincón, poeta y miembro de la Academia de Historia de Ocaña.

LOS CENTROS EDUCATIVOS

Funcionan en el barrio: El centro Docente Nº 1 “Adolfo Milanés”, fundado en 1943 en el predio que fuera la casa del poeta Adolfo Milanés. También se levanta allí el Colegio Alfonso López, prestigioso centro educativo que enorgullece a los habitantes del sector. Antes de crearse este Colegio, en este mismo lugar estaba el emplazamiento del Batallón Santander.

Colegio Adolfo Milanés, anexo a la Institución
Educativa Col. Nacional de José Eusebio Caro. Calle 10

El Colegio Adolfo Milanés. El 16 de septiembre de 1943 se inauguró este centro educativo con el nombre de “Escuela Modelo Adolfo Milanés”. Llevó la palabra el escritor y periodista Ciro A. Osorio Quintero. La escuela comenzó labores en 1944, bajo la dirección de doña Elisa Barrera de Navarro. 
Instituto Alfonso López

El Instituto Técnico “Alfonso López” fue creado  mediante Ordenanza Nº 48 del 29 de noviembre de 1958, gracias a la iniciativa del dirigente político Bernardo Silva Gómez. Sólo hasta 1964 pudo ejecutarse la disposición y en este mismo año comenzó su funcionamiento, siendo Secretario de Educación de Norte de Santander el Dr. Silva Gómez. Inicialmente funcionó en el barrio de las Llanadas, luego, en la sede antigua del Colegio de Fátima (Casa Consistorial), después en el barrio de El Tamaco, y en 1973 pasó al barrio de La Costa - Tejarito, instalaciones del Batallón Santander.

CRONOLOGÍA HISTÓRICA DEL BARRIO DE LA COSTA

1916. ''El señor Presbítero Alejo Conde L., hijo de Ocaña, siendo cura de Buenavista (Ocaña), se interesó vivamente en conseguir para esta ciudad la tapa del árbol en que apareció Nuestra Señora de Torcoroma, en que está estampada la imagen en bajo relieve. Esta tapa se hallaba en la iglesia de Simití y el padre Conde la obtuvo ofreciendo suministrarles un púlpito de madera. La entrada de la precesión que conducía la imagen fue suntuosísima, se efectuó a las 4 y media de la tarde del día 13 de diciembre de 1916 por la Calle de la Igualdad, en medio de la mayor parte del clero de la Provincia y de un numeroso concurso. Presidía la procesión el R. Cura de Ocaña Pbro. D. Guillermo Fajardo Castañeda. Las calles por donde la efigie debía pasar estaban lujosamente adornadas de cortinajes y banderolas. En una de las paredes de la casa de propiedad de la Sra. Diega Morales de García, en el barrio de la Costa se ostentaba un bellísimo letrero en flores naturales que decía: ´Salve, Virgen de Torcoroma ''. (Historia de la Región de Ocaña. Luis Eduardo Páez García. Jaguar Group Producciones. Bogotá, 2009).

1930. Se funda la segunda fábrica de gaseosas, por iniciativa de don Jorge H. Navarro, en el barrio de La Costa, cerca al río Tejo. Fue la FÁBRICA DE GASEOSAS FAVORITA, elaborada con ''agua pura del Trianón'', según rezaba la publicidad de la época.

1943. En el mes de diciembre, tiene lugar la bendición de la primera piedra del monumento a la Santa Cruz, en el cerro de El Molino. El acto estuvo presidido por el Administrador Apostólico Monseñor Daniel Sánchez Chica, el doctor Luis F. Pabón Portilla, y amenizado por la Banda "El Progreso". Así mismo, colaboraron con los actos, miembros del Batallón Cartagena, del Ejército Nacional. La iniciativa de construir este monumento, fue de don Rafael Pineda G., uno de los habitantes principales del barrio de La Costa.

1945. El 6 de mayo, se efectuó la bendición solemne del monumento a la Santa Cruz, dándosele este nombre al antiguo cerro de El Molino. El R.P. Gelves fue el encargado de impartir la bendición, en representación de Monseñor Daniel Sánchez Chica. En el solemne acto, tomó la palabra don Luis A. Sánchez Rizo, secretario del entonces Centro de Historia de Ocaña. El monumento está constituido por una base de material sobre la cual reposa una esfera que simboliza el mundo y sobre ella una gran cruz. Todo el monumento fue hecho en ladrillo, cemento y hierro.

2004. 30 de abril. El Comité Cívico Cultural del Barrio de La Costa, bajo la dirección de Mario Castellanos Chinchilla y Fernando Sánchez Barbosa, organiza la II Exposición de pintura en la Calle de El Embudo.

BARRIO DE EL TEJARITO

Localizado hacia la parte norte del barrio La Costa, de la carrera 9 hacia el norte. Fue otra ruta colonial y hasta entrado el siglo XX, para salir hasta Los Ángeles – Río Magdalena – Zona minera de Antioquia, por la llamada “Trocha de Torcoroma” en el hoy corregimiento de Pueblo Nuevo.


Carrera 10 bajada de El Tejarito

En el barrio de El Tejarito se crearon herrerías, pequeñas fábricas de jabón y variados comercios para atender a los viajeros y campesinos de la montaña occidental que separa a Ocaña de los valles del río Magdalena.

BIBLIOGRAFÍA

ANCÍZAR, Manuel. Peregrinación del Alpha. 2ª edición. Arboleda y Valencia Editores. Bogotá, 1914.
PACHECO, Manuel Benjamín. Monografía eclesiástica de Ocaña. Biblioteca de Autores Ocañeros, Vol. 5 1970.
PÁEZ GARCÍA, Luis Eduardo. Justificación histórica del antiguo barrio de La Costa, como área de especial interés patrimonial del municipio de Ocaña. Documento anexo a una solicitud hecha al Alcalde Municipal. 2005.
PÁEZ GARCÍA, Luis Eduardo. Historia de la Región de Ocaña. Jaguar Group Producciones. Bogotá, 2009.
PÁEZ GARCÍA, Luis Eduardo. Ocaña: tradiciones, leyendas y costumbres de una provincia colombiana. Inédito.
SÁNCHEZ RIZO, Luis A. Monografía de Ocaña. Biblioteca de Autores Ocañeros, Vol. 5. 1970. 


PLAZUELA DE SAN AGUSTÍN

El barrio surge en torno a la erección de la ermita de San Sebastián. 

Es de suponer que, al igual que casi todos los espacios públicos urbanos, la plazuela de San Agustín se haya formado  al tiempo que se efectuaba la construcción de la ermita de San Sebastián, que antecede a la iglesia de San Agustín. La ermita comenzó a construirse en 1596.

Sector de San Agustín,  acuarela de Eusebio Posada, 1888
El historiador Luís A. Sánchez Rizo, se refiere así a las reformas de este espacio público: “Cuando se cumplió el centenario del sacrificio de la heroína (1917) fue arreglada la Plazuela de San Agustín, se inauguró y se designó con el nombre de Parque de la Pola, hasta que se olvidó el nombre; ya para el centenario del señor Suárez (1955), fue reformado de nuevo y designado Parque Infantil Marco Fidel Suárez, con aparatos de juegos, pero como el bullicio de noche importunaba a los fieles que asistían al templo los aparatos fueron llevados a otro lugar; posteriormente fue arreglado de conformidad con nuevos planos para ser Parque del Fundador y construido el pedestal para la estatua de don Francisco Fernández de Contreras, en espera de su llegada” (L.A.S.R. Rev. Hacaritama 238, oct-nov-dic-1967).

Sector de San Agustín. Al fondo, el Museo Antón Garcia
de Bonilla.

Los datos de Sánchez Rizo corresponden a 1955, año del centenario del nacimiento de don Marco Fidel Suárez, la plazuela estaba arborizada y funcionaba allí un parque para niños que tenía, incluso, un agente de policía encargado de su protección. En esta misma década, fueron talados los árboles y se echó una capa de cemento en el piso.
En la década de 1970, se construyó una fuente luminosa que fue reemplazada por otra más pequeña en 2007 cuando se llevó a cabo la más reciente intervención a este espacio público.

Iglesia y plazuela de San Agustín, detalle.
La Plazuela de San Agustín es uno de los espacios más significativos de encuentro ciudadano, junto con las Plazuela de San Francisco y la Plaza del 29 de mayo.
En 2007, el alcalde Luís Alfonso Díaz Barbosa inició los trabajos de una nueva intervención, después de haberse llevado a cabo una convocatoria para escoger el mejor diseño arquitectónico de este espacio público. Con relación a esto, se generó una intensa polémica entre los habitantes del sector, los ambientalistas, CORPONOR y la administración municipal. Finalmente, los árboles que se encontraban localizados hacia el costado sur de la Plazuela, fueron violentados por personas desconocidas y tuvieron que ser cortados.
LA PIÑUELA


Barrio de La Piñuela, foto Ocaña Hoy

Está localizado hacia el centro oriente de Ocaña, y abarca el área de los hoy barrios de Cuesta Blanca, San Antonio y El Palomar.

EL TAMACO Y TACALOA

Al centro occidente del barrio de la Piñuela. Junto con la Piñuela, son sectores que antaño constituyeron paso obligado para los viajeros que se desplazaban hacia los pueblos del norte de Ocaña y hacia el interior del país.

Estos sectores o barrios, cobraron  importancia económica en la década de 1920 y 1930, debido a los comercios que establecieron los sirios y libaneses.


EL LLANO  Y LAS LLANADAS

Conocido inicialmente con los nombres de Llanito de Melo y Llano del Padre Cecilio. Allí funcionó el primer hospital de Ocaña (Hospital de Santa Ana), el Colegio Diocesano y el Colegio para señoritas de las Hermanas de la Presentación, luego Normal para Señoritas.

Hospital de Santa Ana, década de 1920. Barrio de El Llano

Fue lugar de residencia de varios notables de Ocaña, como el Presbítero Ramón Anaya y Rubio. Habitó también en este barrio el reconocido músico y compositor Miguel Pino Grimaldo.
En sus cercanías, en el sector conocido como El Tiber, estaba localizada la segunda cancha de fútbol de la ciudad.

Las Llanadas

Barrio de El Llano.

EL SECTOR DEL DULCE NOMBRE

Antes de que se convirtiera en un sector en abundante comercio, fue una de las salidas de Ocaña hacia la ruta que conducía al río Magdalena (centro de Ocaña – Dulce nombre – zona del actual mercado – barrio de El Llano – Las Llanadas – Venadillo – Diego Hernández – Aguachica – Puerto Nacional (y después Gamarra).

Iglesia de El Dulce nombre

En 1826 se inició la construcción de la iglesia de los Dulcísimos Nombres de Jesús y de María, lo que vino a aumentar el establecimiento de residencias y comercios. Los ocañeros transitaban frecuentemente por esta ruta, entre otras cosas para asistir a las corridas de toros que se llevaban a cabo en la “Huerta de los San Juan” (sobre la cual se construyó en 1945 el mercado),  y los altos sobre la Rotina.

La construcción del Seminario Menor de Ocaña, regentado po la R.P. Eudistas, y luego establecimientos comerciales como la famosa dulcería de las Becerra, hicieron muy popular el Dulce Nombre donde funcionó también el primer supermercado de la ciudad (El Mejicano). Depósitos de víveres, almacenes de ropa y telas, ferreterías, panaderías se fueron propagando entre el Dulce Nombre y el Mercado, convirtiendo el área en una de las más prósperas zonas comerciales de Ocaña


Fueron muy nombrados los establecimientos de don Juan de Dios Lobo, don José Manuel Angarita, los Pacheco, el Almacén “El Chorrito”, el almacén de don Arturo Paredes, entre muchos otros.

Calle del Dulce Nombre

BARRIO DE CRISTO REY

Inicialmente, el sector sobre el cual se levanta el barrio de Cristo Rey, era propiedad de la familia Lemus (época colonial), la cual residía en su hacienda denominada El Hatillo. El cerro fue denominado también como Cerro del Hatillo. Más adelante, las autoridades españolas llevaron allí varias ejecuciones y el cerro cambió el nombre al de Cerro de la Horca, hasta que en 1935, por iniciativa del Padre Ramón María Rosero, sacerdote jesuita, tomó el nombre que lleva actualmente: Cerro de Cristo Rey.
Cristo Rey, década de 1930

El barrio que creció en torno al monumento que fue denominado de igual manera desde su creación en 1956.
A la derecha, plano del sector de Cristo Rey

CRONOLOGÍA:
Época colonial. Sector del Hatillo (y Cerro del Hatillo)
Época colonial y comienzo de la República hasta 1935. Cerro de la Horca.
Finales del siglo XIX. Los terrenos del actual barrio fueron utilizados como cementerio para las víctimas de la fiebre amarilla.
1933. El 28 de diciembre llega por el Cable Aéreo la estatua de Cristo Rey, adquisición que se llevó a cabo por iniciativa del padre Ramón Rosero, S.J.

17 de agosto de 1935. En esta fecha, se inaugura solemnemente la estatua monumental de CRISTO REY. Uno de sus grandes impulsores fue don Lázaro Uribe.
“Este año se inicia el barrio de Cristo Rey, fundado por iniciativa de don Carlos Trigos Rodríguez y don Yebrail Haddad Salcedo. Los citados ciudadanos, con el fin de mitigar la urgente necesidad de vivienda que tenían muchas familias ocañeras, decidieron comenzar el asentamiento en terrenos que para esa época eran de propiedad del municipio, encargándose de las primeras construcciones el maestro albañil Santiago Barriga. Al surgir algunos inconvenientes relativos a la presunta propiedad de los terrenos, por parte la familia Bayona, que los reclamaba, don Yebrail se puso en contacto con el entonces Secretario de Planeación Municipal, arquitecto Juan Manuel Duque Carvajalino, quien logró normalizar la situación nombrando como maestro de obras a Rafael Contreras.
Contribuyeron con sus aportes, los miembros del Centro Social Católico, don César Chaya, don Yebrail Haddad Salcedo, don Juan Romano Marún y Ciro Alfonso Lobo Serna. Entre sus primeros habitantes del sector, destacamos a Luis Sánchez Arévalo, Juan Peñaranda, Santiago Barriga, Julio Álvarez y Luis A. Peñaranda”.
BIBLIOGRAFÍA
Historia de la Región de Ocaña. Luis Eduardo Páez García. Jaguar Group Producciones. Bogotá, 2009.

LA TORCOROMA
BODAS DE ORO DEL BARRIO LA TORCOROMA
El 23 de febrero de 1963 se produjo la primera invasión a terrenos urbanos en El Tíber, que con el tiempo dio lugar al actual barrio de La Torcoroma, localizado hacia la zona centro occidental de la ciudad. Indiscutiblemente, todo el crédito historiográfico de este suceso que cambió la concepción urbana de Ocaña, hay que dárselo al profesor Jorge Meléndez Sánchez, quien en su primera obra La región de Ocaña y su desarrollo (Ecoe, Bogotá, 1979) toca por primera vez el asunto, así como otros de índole política y social, que lo convierten en el pionero de la historia contemporánea del municipio y la región.
De acuerdo con el historiador Meléndez Sánchez, la invasión se produjo “…un domingo de los primeros meses de 1963”. Muchas gentes humildes dieron la sorpresa de invadir terrenos públicos que servían de improvisada cancha de fútbol, llamada El Tíber. Ese día – nos dice Meléndez – vimos, por primera vez cómo la gente construía casa de lata y de cartón, como en los grandes centros urbanos donde los semilleros de migrantes campesinos golpeados por la violencia, buscaban refugio”. De acuerdo con el calendario, el 23 de febrero  corresponde a un sábado y no al domingo.
Para 1963 ya existía en Ocaña una militancia de izquierda en las aulas del Colegio Nacional de José Eusebio Caro, así como dirigentes estudiantiles relevantes que más tarde se convertirían, ya universitarios, en el Círculo Universitario Ocañero. Entre aquellos jóvenes, recordamos a los hermanos Arminio y Flaminio Piñeres, a Pedro Lázaro, al mismo historiador Meléndez, y a César Costa, fogoso líder del MRL que encabezaba mítines y arengaba a las gentes. Fungía como gobernador de Norte de Santander el poeta Eduardo Cote Lamus, como Obispo de Ocaña Monseñor Rafael Sarmiento Peralta y la Alcaldía la ocupaba doña María Susana Awad de Ojeda, dinámica figura del liberalismo de entonces y mujer emprendedora y comprometida con la ciudad. Dos años antes de la invasión, se había producido la primera protesta popular contra el hambre, encabezada por dirigentes del MRL y personajes que por ese entonces, aún con indefiniciones claras en materia ideológica y política, andaban entre la izquierda, el liberalismo o un conservatismo que apelaba a la figura de Jesucristo para emprender acciones sociales en pro de la comunidad.
De acuerdo con Jorge Meléndez, la invasión de planificó en secreto, participando en su diseño dirigentes como don Juan Ibarra y José Agustín Bayona. Pese a que sólo han transcurrido 50 años de aquel suceso histórico, la memoria de los primeros habitantes del sector suele contradecirse en horas y fechas. Según la mayoría de las versiones, los invasores fueron cerca de 200 personas que se tomaron la antigua cancha de El Tíber y el área de la Conejera entre las 11 y las 12 de la noche, del día 23 de febrero. Recordemos que el mismo historiador que venimos citando fue uno de los actores del hecho.
¿Cuál es la importancia histórica y social que reviste la efeméride?
Pensemos en la Ocaña de la década de 1960, cuando nuevas ideologías y tendencias partidistas recorrían a Colombia y a América Latina. Eran los tiempos del impacto de la revolución cubana y del surgimiento de los curas rebeldes que, cansados de los abusos de la jerarquía católica, abanderaron la teología de la liberación. Eran los tiempos del Movimiento Revolucionario Liberal que pretendía revolcar los cimientos de un partido anquilosado y, en Ocaña, era la época de relevo generacional en la política bipartidista. Valga aquí destacar que la inconformidad popular en Ocaña no parte de la base sino de la intelectualidad joven de entonces que tuvo como escuela las aulas del Colegio Caro. En un municipio donde no había masa obrera, ni fábricas, ni latifundios, y donde la diferencia de clase estaba marcada por la élite del Club Ocaña que manejaba el comercio, la política y la cultura, los primeros asomos socialistas sólo podían darse a través de la reflexión académica e intelectual que se gestaba en el Colegio Caro o de las disidencias políticas coyunturales que terminaron sus días con el reintegro de sus miembros al Liberalismo o al Conservatismo.
Por estas razones, la primera invasión a El Tíber la manejó públicamente don Juan Ibarra, “que había formado un partido demócrata cristiano ´sui generis´”,  como señala Meléndez Sánchez, y don Agustín Bayona, conservador. A ellos se unirían otros líderes como Cristóbal Navarro, Rosa Pacheco, Gregorio Zúñiga, Roque Conde, Carlos Arturo Portillo, Aura Moreno, Juan Meneses, Carmito Gómez, Gustavo Vega y Justiniano Torres, entre muchos otros.
Ocurrida la invasión, el Ejército cercó la zona y se prohibió el ingreso de personas al lugar. Para mitigar el hambre y la sed, el mismo comercio local contribuyó con víveres y se hizo presente la iglesia con el entonces Presbítero José Francisco Rodríguez y el Obispo de la recién creada Diócesis, Monseñor Rafael Sarmiento Peralta. Voces salidas de los mentideros locales afirmaron que Monseñor Sarmiento Peralta había solicitado a la tropa desalojar a los invasores y que ello fue evitado por doña María Susana Awad de Ojeda. El mismo Meléndez, en nota a pie de página, que su crónica recoge especulaciones que se dieron en aquel momento. Lo cierto es que fue la alcaldía y el mismo Obispo quienes sirvieron de mediadores para evitar atropellos y más tarde, para propiciar el establecimiento mismo del barrio. Recordamos que los terrenos invadidos eran de doña Consuelo Navarro, quien tampoco contribuyó a que se tomaran medidas represivas contra los invasores. Con el tiempo sería el Obispo Sarmiento Peralta quien gestionaría la llegada del agua al sector y Aurelio Marconi la adecuación de las calles del barrio. Después se recibiría el apoyo de los dirigentes conservadores Argelino Durán Quintero y David Haddad Salcedo.
La aparición del barrio de la Torcoroma generó la necesidad de nuevas vías por el occidente, lo cual redundó en el desembotellamiento de la ciudad, como bien lo anota Jorge Meléndez, pero también modificó el esquema urbanístico general, porque a partir de este hecho comienzan a producirse otras invasiones hacia el norte de Ocaña y el crecimiento urbano adquiere características desordenadas, incluso con el aval o la instigación de dirigentes políticos que hicieron de gentes humildes de la ciudad un botín político que aún subsiste en los más recientes casos de invasión que se han dado.
En diciembre de 1965 se fundaron las Juventudes de Acción Social JAS, bajo la dirección del Padre Reinaldo Acevedo, rector del Seminario de Ocaña, Jóvenes del Colegio Nacional de José Eusebio Caro y la Presentación hicimos parte de este grupo cuya finalidad fue el estudio y práctica de la doctrina social de la Iglesia. Recordamos los nombres de Edgar Torrado, Marina y María Eugenia Álvarez, Octavio Reyes Rincón, Edgar Montañéz, María Eugenia y Quintero, Ofelia García, Luis J. Sánchez y Aura Amaya. Bajo este esquema, semanalmente nos desplazábamos a los barrios periféricos a cumplir un trabajo de ayuda social que tuvo como primer destino el barrio de la Torcoroma, nombre este que se le había cambiado al original de El Tíber por aquellos de las connotaciones socialistas. Pocas veces como aquella los jóvenes ocañeros estuvieron tan vinculados a los problemas de las clases menos favorecidas y en contacto directo con las familias que, dos años después de la invasión, luchaban a brazo partido para levantar sus modestas viviendas y atender el sustento de los hijos.
La aparición del barrio de la Torcoroma fue la primera voz de alerta para que las administraciones municipales y la dirigencia política tuviese en cuenta la construcción de vivienda de interés social, cosa que sigue siendo en Ocaña una quimera. Los casos lamentables, por ejemplo, ocurridos en la urbanización Transparencia 1, denunciados por todos los medios de comunicación locales, donde varios adjudicatarios vendieron o alquilaron las casas que les habían entregado, pone de manifiesto un turbio negocio que hace presa de las personas más necesitadas y de la angustia popular.
El caso del barrio de la Torcoroma fue la excepción al fenómeno que comenzaría a darse a partir de la década de 1970 cuando invadir se volvió una malsana costumbre de algunos avivatos disfrazados de desplazados y politiqueros que han tratado de canalizar electoralmente los votos de las gentes sin techo. Hace cincuenta años, la gente luchó por una vivienda digna y en este sentido cobra toda su dimensión humana aquella primera invasión y sus gestores, varios de los cuales aún viven para contar la historia.

BARRIO CAMILO TORRES
Para 1975, el déficit de vivienda en Ocaña era tan preocupante como el que se produjo hacia 1963 cuando ocurrió la primera invasión a tierras urbanas de la ciudad. Desde hacía varios meses, dirigentes sindicales y políticos de izquierda habían comenzado ya a contactar a ciudadanos que carecían de techo y a planificar una invasión a los terrenos de propiedad de la familia García, localizados hacia el norte de Ocaña. Los sucesivos pasos que se dieron, antes de producirse la invasión, tuvieron como escenario algunas reuniones previas, entre ellas una con el Obispo de Ocaña, Monseñor Ignacio Gómez Aristizábal que lideraba por aquellos tiempos el movimiento laico “Hombres nuevos para un mundo nuevo”, entre quienes se contaba el periodista y escritor Juan Romano Marún, el profesor Jesús Casanova y otros líderes comprometidos con la causa social. Por parte de la izquierda de entonces, estaba Hernando Cervantes, del MOIR, Jorge y Huberty Serna Páez, Berta Páez, entre otros, que compartían las tesis del sacerdote Camilo Torres Restrepo.
La víspera de la invasión, el comité preparatorio visitó a Monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, para informarle del hecho. La Diócesis registraba en sus documentos la existencia de cerca de 29 familias destechadas. Los líderes organizadores tenían un censo de 150 personas con las cuales se pensaba iniciar la toma del sector. Sin embargo, cuando se produjo éste, cerca de 1000 personas se hicieron presentes. A las 12 de la noche, cohetonadas lanzadas desde diferentes sitios de la ciudad, confirmaron a los invasores sobre  determinación tomada para el día siguiente.
Ante la protesta de los propietarios del predio invadido, acudió la fuerza pública que, por primera vez en Ocaña, estrenaba el grupo antimotines. Se produjeron, incluso, algunas escaramuzas entre la Policía y los invasores, lo cual obligó a las autoridades locales y departamentales a buscar la conciliación entre invasores y propietarios del terreno. La invasión produjo, inicialmente la sectorización de tres grandes bloques que fueron el barrio Antonia Santos (hoy el Bambo), José Antonio Galán y el barrio Camilo Torres. Los conflictos se prolongaron durante varios días, lo cual hizo necesaria la ayuda de la comunidad ocañera, en víveres e implementos para los invasores, todo ello movido por ASPES que convocó las fuerzas sindicales de la ciudad y a su Sociedad Civil.
Para esta época, actuaba en la ciudad un grupo de ciudadanos que combinaba la acción social con la práctica religiosa, denominado Hombres Nuevos para un Mundo Nuevo, impulsado desde la Diócesis de Ocaña por Monseñor Ignacio Gómez Aristizábal, segundo Obispo de la Diócesis. Pero, de igual manera, algunos dirigentes socialistas, identificados con el ideario de Camilo Torres Restrepo participaron en la organización de la invasión que, al fin, después de las negociaciones del caso, permitió que las familias se asentaran definitivamente en el sector. Como homenaje al líder religioso, pionero de la Teología de la Liberación en Colombia, se acordó ponerle al barrio el nombre de “Camilo Torres”.
Monseñor Leonel Pineda Guerrero, reseña así el suceso histórico: “Durante el ministerio de Mons. Ignacio Gómez tuvo lugar la invasión de la cual resultó el barrio "Camilo Torres". Monseñor Ignacio, el grupo de "hombres nuevos" y otros líderes sociales estuvieron muy presentes para solucionar favorablemente esta situación”.
Bueno es recordar que el nombre de Camilo Torres Restrepo, el sacerdote rebelde que cayó abatido durante un enfrentamiento del ELN con el Ejército Colombiano, tiene para el pueblo ocañero especial significación, toda vez que en 1965 el “cura rebelde”, como se le llamó en su tiempo, visitó la ciudad junto con los dirigentes del Círculo Universitario Ocañero que entonces representaba toda la fuerza joven de Ocaña, la mayoría de ellos estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia. Recuerdan los ocañeros que el padre Camilo fue paseado por las calles de la ciudad en un tractor manejado por don Alonso Vergel, y luego de un multitudinario recibimiento en la plazuela de San Francisco, el sacerdote visitó el Obispo Rafael Sarmiento Peralta, en el recién adecuado Palacio Episcopal.  El ideario político y la firme voluntad de cambio dentro de la Iglesia Católica, se unía a un firme convencimiento del sacerdote de la necesidad de una justicia social y un compromiso efectivo de la jerarquía eclesiástica con los pobres de Colombia, que llevaron al sacerdote a crear el Frente Unido y el grupo denominado “Golconda”, de profundas repercusiones en la iglesia latinoamericana.
Superados los inconvenientes, los primeros habitantes del barrio Camilo Torres comenzaron a construir adecuadamente su espacio y a recibir el apoyo de la dirigencia política local, concejales y miembros de la Sociedad Civil, entregando hoy, como balance en el tiempo, un amplio sector urbano de Ocaña, donde si bien existen necesidades que deben ser resueltas por el Gobierno Municipal, en materia de infraestructura y servicios, su situación es estable.
La Academia de Historia de Ocaña, aprovechando esta efeméride, espera una respuesta pronta de las autoridades para resolver los problemas materiales del barrio y también aspira que la cultura y las artes hagan parte integrante de la agenda cotidiana de los habitantes.
Es necesario generar procesos de apoyo desde la Sociedad Civil, hacia la Junta de Acción Comunal del barrio Camilo Torres, pero también es preciso que los comunales del Camilo Torres y todos sus habitantes, se comprometan a dar la lucha por elevar  su propia calidad de vida. 
LOS CAMBIOS EN EL SIGLO XIX

Las modificaciones urbanas hacia  finales del siglo XIX, se relacionan con el crecimiento demográfico y el aumento del comercio , que obligó a la ciudad a expandirse hacia los sectores de El Tamaco y Villanueva, generando nuevas construcciones o adecuaciones para albergar las casas matrices de las firmas comerciales, sobre todo, a partir de 1860.

En este período comienza a instalarse el equipamiento monumental urbano con la Columna de la Libertad de los Esclavos en 1851.

LOS CAMBIOS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

El Centro Histórico de Ocaña no se alteró sustancialmente durante los primeros 50 años del siglo XX. Para la década de 1940, se producen algunas intervenciones arquitectónicas sobre las calles 10 y 11, comenzando a desaparecer algunas de las edificaciones tradicionales.

Este aspecto, lo ejemplifica la construcción del Colegio de José Eusebio Caro, Teatro Morales Berti, diagonal a la iglesia de Torcoroma, el Mercado cubierto, las Agencias Unidas, en el barrio de San Agustín, calle 10, frente a la plazuela, y la construcción de la sede de la Empresa de Energía Eléctrica.

FUENTES CONSULTADAS:

ARCHIVO HISTÓRICO DE OCAÑA
HEMEROTECA del autor
REVISTA HACARITAMA. Academia de Historia de Ocaña

APRILE, Jacques. Las formaciones espaciales.  U. del Valle. En La ciudad como bien cultural. Memorias del seminario. Bogotá, junio 1990.
MELÉNDEZ SÁNCHEZ, Jorge. La región y el desarrollo. Ecoe, segunda edición, 1980.
PÁEZ GARCÍA, Luis Eduardo. Historia de la Región de Ocaña. Jaguar Group Producciones. Bogotá, 2009.
PÁEZ, Justiniano J. Monografía de Ocaña. En Guía Turística de Norte de Santander. Cúcuta, 1934,

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