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domingo, 25 de septiembre de 2011

LEYENDAS DE OCAÑA

NUESTRO FOLCLOR

CAPITULO III

LA LEYENDA

“ Conviene considerar el mito,

no como una fabulación estúpida

de la mente humana en lucha

con las famosas potencias

engañosas de Pascal, sino

como una técnica operatoria

de igual valor epistemológico

que las matemáticas”
JEAN MARKALE

Tanto el mito como la leyenda, constituyen dentro del marco de la creencia, un capitulo de singular importancia, puesto que representan, como dijera el antropólogo Albert Marinus, una verdadera “actividad psicosocial” del hombre, cuya función consiste en estructurar un presente con base en los acontecimientos del pasado, y que el sentimiento popular los considera como claras explicaciones de su proceder actual y, más aún, necesario resultado de vivencias que no pueden desaparecer, puesto que si ello sucediera, desaparecería también la razón de su ser actual.



“Esas historias no deben su supervivencia a un interés gratuito: no se las considera como cuentos imaginados, ni aun relatos auténticos: constituyen…la expresión de una realidad primordial, superior, más importante, que condiciona la vida presente, el destino y las actividades de la humanidad y cuyo conocimiento proporciona al hombre la motivación de sus actos rituales o morales, y, al mismo tiempo, le dan indicaciones sobre los medios para realizarlos”

La leyenda realiza una labor unificadora dentro del pueblo, identificando sus hombres, mujeres, paisajes, actitudes, etc., con sus equivalentes del pasado; de un pasado exaltado, lleno de gloria, que la distancia cronológica no alcanza a opacar, sino que, por el contrario, eleva y adiciona nuevos elementos acordes con la época. Cada generación interpreta hechos, realidades anteriores, de acuerdo a sus exigencias psicosociales, por ello, la importancia de la leyenda no reside en sus características exteriores, sino en sus verdaderas “esencias culturales”.

Es la misma actividad de la conciencia popular la que determina la necesidad de mantener vivo un suceso revelador de su personalidad, proyectándolo a través de tertulias, artículos periodísticos, versiones literarias y artísticas, etc.



Cabe destacar, sin embargo, que estos fenómenos tienen ocurrencia en las culturas populares genuinas, que “responden a unidades sociales pequeñas e integradas estrechamente, o a conglomerados de unidades de este tipo que hayan ya conseguido satisfactoriamente sus ajustes mutuos” , es decir, donde las transformaciones culturales no son continuas, como ocurre v.gr. en los países latinoamericanos (especialmente en las provincias). En las civilizaciones avanzadas suele acontecer que los cambios se dan rápidamente y son tan variados, que la masa humana no alcanza a absorberlos.

Con estos criterios esenciales sobre el valor y la significación de la leyenda, entremos a ocuparnos de Antón García de Bonilla, el “Jinete Fantasma” y de Leonelda Hernández, la “bruja”, que constituyen el eje central de la leyenda ocañera.

DON ANTON GARCIA DE BONILLA: EL “JINETE FANTASMA”

El Antón García de Bonilla que ha venido a formar parte de la leyenda ocañera fue, ciertamente, un personaje histórico, real.

El primer Antón había venido con Francisco Hernández en la expedición fundadora que salió desde Pamplona, después de haber participado también en la fundación de esta ciudad. Una vez realizada la fundación de la ciudad de Ocaña en 1570, se radico en ella y tuvo muchos descendientes, cuatro, al menos, con el mismo nombre de Antón. Entre los altos cargos que ocupara el viejo español, se mencionan los de Regidor Perpetuo y Alcalde Ordinario. Se cuenta que logro amansar una enorme fortuna, heredada luego por sus hijos. Antón García de Bonilla (el mozo), vendría, con el tiempo, a ocupar los mismos cargos que su antecesor, y su reputación de filántropo se extendería por entre todos los habitantes de la comarca.

Antón García de Bonilla
Obra de los hermanos Salas, venezolanos.
Colegio Nacional de José Eusebio Caro


“Era don Antón García de Bonilla hijo de don Antón, el conquistador valiente de su mismo apellido. Heredo de su padre con el temple toledano de su alma, crecidísimo caudal que aumento aun más a poder de indomable energía, de talento y de asombrosa actividad. Casado muy joven con doña María Téllez, linda como una rosa al abrirse, buena como el trigo candeal, e hija del linajudo Luis Téllez Blanco Girón…Espléndido como un sátrapa de oriente, romántico y artista tal vez sin comprenderlo, convertía para su placer y el de su dama los turbulentos ríos en deliciosos lagos encantados…Duro con los siervos altivos, enérgico e indomable, cuando el caso llegaba, como un barón feudal, ostentoso y deslumbrador en sus riquezas…” .

La leyenda de Antón García se ha venido transmitiendo de generación en generación, bajo diversas modalidades, pero conservando su esencia fundamental en lo que se refiere al basamento cultural, que pondera la grandeza española en lo tocante a la ostentación, el lujo, los criterios sobre honorabilidad, orgullo y bondad.

Veamos a través de la pluma del escritor don Ciro A. Osorio Quintero, una versión particular de esta leyenda:

“ Cuando un día desventurado, en una de sus haciendas, sus hijas y sobrinas cayeron víctimas de la epidemia, y la ciencia vencida le abrió paso a la muerte inminente, Don Antón, atribulado, pensó en Santa Rita, la santa milagrosa que se venera en una calle melancólica de Ocaña. Sin reparar en la hora ni en el mal tiempo, don Antón emprendió viaje precipitado a la ciudad seguido de sus criados y cabalgaduras de remuda… hasta que al fin, a la segunda, muy cerca de las doce, llego al santuario y se echo a los pies de la patrona de los desesperados… hecha la promesa formal a trueque de la salud de sus idolatradas enfermas, don Antón regresó a su hacienda. Como por ensalmo, los hermosos luceros de su hogar habianse restablecido notoriamente… paso el tiempo. Vino la vejez y con ella llegó la muerte. Don Antón no volvió a acordarse de Santa Rita. Pero Santa Rita no se olvido de Antón…

Y he aquí por qué, cuando aun este lento progreso de que ahora disfrutamos no nos había iluminado las oscuras noches, don Antón, caballero en veloz potro de fuego, volvía a cruzar en desesperado galope, al favor de las sombras, las desoladas calles de la ciudad dormida rumbo al olvidado santuario de la santa abogada de imposibles” .



Don Antón.
ciudadadeocana.com

No cabe duda que esta modalidad de la creencia refleja el espíritu español de Ocaña, fundamentalmente en cuanto hace referencia al sentimiento de religiosidad.

Transmitido, como dijéramos, de padres a hijos, en continua sucesión de años, el relato se convierte en parte propia de las gentes sin distingos ni consideraciones, logrando así mantenerse vivo hasta nuestros días y, aun más, modificado y adicionado formalmente en la televisión nacional, de tal forma, que su vigor se proyecta incluso fuera del marco local que le dio origen.

Los datos recogidos sobre Antón García de Bonilla, nos hablan de él como un personaje maravilloso, de imponencia física destacable, “hombre de bien”, preocupado siempre por el bienestar y el progreso de la comarca, poetas, pintores y literatos han realzado su imagen en diversas formas, como signo evidente de permanencia de la leyenda.

Como una muestra de la supervivencia de la leyenda de Antón García de Bonilla, transcribiremos algunos fragmentos poéticos y literarios de escritores vernáculos:

“ A la ruinosa calleja


llaman del Tejo los hijos


“bajada de Santa Rita”


y dicen haber sentido


y así los viejos abuelos


les contaron haber visto


como en cierta noche fija


viene a cumplir su castigo


de la fallada promesa


Don Antón, el fementido”
ANA MARIA CASTILLO (1937)

“…Don Antón García de Bonilla, encomendero de Aguachica, fundador de Pamplona y milagrero personaje de castellana leyenda… ” .
LUIS EDUARDO PÁEZ COURVEL (1941)


“Antón García de Bonilla


letrado, soñador y romántico


con sus áureos esquifes


y artificiales lagos:


bohemios y aguerridos chapetones,


Encomenderos y soldados


Que plasmaron las primeras gestas


En suelo americano”
ANA VALIER (1970)

“ Loor eterno, pues, al generoso don Antón García de Bonilla, que amo con el más puro amor a sus semejantes; que los amo noblemente, divinamente, en sus almas; que quiso desprenderse de un poco de su bienestar para convertirlo mágico, sublime, en regueros de luz que les disipasen las densas tinieblas”
ALEJO AMAYA (1938)

“Que cara de promesero atormentado traería don Antón en esas espectaculares excursiones suyas de ultratumba?. Nadie lo sabe. Porque quienes, escépticos y valerosos, atrevieronse a entreabrir una reja para verle pasar, apenas dan cuenta de la ígnea silueta del potro veloz, bajo cuyos cascos herrados saltaba una iluminada sinfonía de estrellas”
CIRO A. OSORIO QUINTERO (1962)


“ Oh rey de mi villa mi alma atormentada


de extraño lirismo, te vive implorando,


mientras que en las noches y en la madrugada


la gente sencilla


- Antón de Bonilla – Antón de Bonilla


Sobre un potro ígneo te ve cabalgando…”
ADOLFO MILANES (1930)


“Mas don Antón no cumplió


como gentil caballero


la promesa a Santa Rita…


y decían que, por eso,


al filo de medianoche


y entre un macabro silencio


la calleja bajaba


don Antón después de muerto,


cubierto con negra capa


que le caía hasta el suelo


caballero en potro arisco


alado como los vientos,


que reventaba las piedras


con sus zapatos de hierro…
EFRAIN JACOME RINCON (1958)

Estos fragmentos, tomados de diferentes géneros literarios, nos indican la permanencia de la leyenda en la cultura local.

LEONELDA HERNANDEZ: LA BRUJA LEGENDARIA

La base histórica de esta leyenda, se remonta a finales del siglo XVII, coincidiendo con la “visita pastoral que en esos días hacia a sus feligreses de la comarca ocañera, el Ilustrísimo señor Obispo de Santa Marta, Monseñor Liñán de Cisneros” , es decir, en enero de 1667, como lo consigna Monseñor Manuel Benjamín Pacheco y Alejo Amaya

Representación de Leonelda en el
Desfile de los Genitores
lapalyadebelen.org

La leyenda tiene como escenario la población de la “Loma de González y el Cerro de la Horca, en la ciudad de Ocaña.

Según el relato, Leonelda era una joven hechicera de la tribu Búrbura. “ No pasaba ella de los 26 años, y su cuerpo era esbelto y su porte gentil, pese a su evidente condición de campesina…En el bello rostro de color aceituno y de trazos casi perfectos brillabanle con fuego casi misterioso unos grandes ojos negrísimos, cuyo luminoso encanto parecía encenderse más con el contenido impulso de una inocultable ira interior “ . Hacia parte Leonelda de un grupo de hechiceras, entre las cuales se encontraba María Antonia Mandona, María Pérez, María de la Mora y María del Carmen, cuya labor consistía en la preparación de brebajes mágicos compuestos por mezclas de “…raíces y flores de plantas extrañas, reptiles inmundos y cierta clase de animales agoreros…” , con los cuales curaban enfermedades, procuraban el amor y otra suerte de sortilegios propios de la hechicería nativa. Las actividades de estas mujeres llegaron por fin a oídos de las autoridades españolas, que no vacilaron en proceder a la detención de las magas. Así, María Mandona, “la jefe y directora del endiablado elenco”, es ejecutada en presencia de sus compañeras. Tiempo después, era detenida Leonelda Hernández por la Inquisición, acusada de “sus prácticas de hechicería y tener amenazados a todos los pueblos circunvecinos de convertirlos, un día cualquiera, en infectas lagunas de aguas letales” . La rebelde hechicera es conducida a Ocaña, de gala en ese instante debido a la llegada del prelado Liñán de Cisneros. En vista de este acontecimiento, sus captores deciden ejecutar a Leonelda en el siniestro Cerro de la Horca. Ya casi a punto de cumplirse el infeliz destino, la joven lanza un imponente grito:

- ¡Aquí los Búrburas!

Y como llamados ante un conjuro misterioso, brotan de todas partes los indómitos nativos, que después de saetear a la soldadesca y colgar a su jefe, parten con Leonelda hacia sus reductos inexpugnables.

Cabe destacar que, habiendo el Tribunal del Santo Oficio ejecutado a la Mandona y detenido a Leonelda, las parcialidades de Burgama y Borbotare (Brotaré u Otaré), se encontraban sublevadas contra los españoles.

Seguidamente, algunos detalles de la leyenda, de acuerdo a las versiones literarias existentes:

“Su edad según el proceso que tenemos a la vista, era de ventiseis años, de regular estatura, ojos negros, vivos y quemadores, color moreno claro, cabello negro como el azabache, su talle gentil y su donaire encantador colmaban las miradas penetrantes de aquella simpática mujer que tenía fama de guerrera cruel y sanguinaria”

Doña Edilia Montaño como Leonelda
Desfile de los Genitores

Como se ha podido observar a través de las descripciones que de Leonelda se hacen, se destaca en ella su osadía y singular hermosura, cualidades que durante mucho tiempo han adornado a la mujer ocañera. El episodio de la liberación de la india por sus hermanos de raza, es expuesto en forma dinámica y atrayente, poniendo de manifiesto claramente el triunfo del elemento indígena sobre el peninsular:

“ Cuando oyó el grito: Aquí los Búrburas! Ya tenía una rama en sus manos y agarrado por el cuello a uno de sus verdugos. El asalto fue rápido y la venganza atroz. Los Búrburas que habían seguido desde Aguas Claras las huellas de los que traían a la prisionera, cayeron sobre ellos en los momentos en que iban a consumar el crimen, y con lanzas y machetes destrozaron a la guardia y colgaron de la horca al capataz” .

Leonelda. Trabajo del artista
Yerson Jair

“ Fue entonces cuando Leonelda, sacando energías de su propio agotamiento y obrando con extraordinaria rapidez, grito con todas sus fuerzas, al tiempo que agarraba por el cuello a uno de sus verdugos:

- Aquí de los Búrburas!

Fue un grito de guerra y de muerte. Una orden de acción y de exterminio. Porque saliendo de entre la maleza, como si los brotase la tierra, en medio de un indescriptible vocerío, los indios amigos de Leonelda cayeron como una tromba sobre la sorprendida y asustada tropilla, la pasaron a cuchillo, colgaron al jefe y libertaron a la hechicera” .

Las leyendas de Antón García de Bonilla y Leonelda Hernández constituyen, pues, la síntesis histórica del pueblo ocañero, la justificación necesaria de un ancestro que une los valores propios del español con altivez indómita del aborigen; la belleza de sus mujeres y el principio libertario de una raza que cayó cercenada ante la espada y la cruz de un dios extraño.

Si nos detenemos sobre las épocas conquistadoras y colonial de los pueblos de Colombia y América, no dejaremos de encontrar casos semejantes. La Gaitana y el cruel Añasco,el cacique Pipatón y su irreductibilidad en la región de Barrancabermeja, los mandatarios chibchas en la meseta Cundi- Boyacense y Quesada, etc. En todos existe un común denominador: la lucha del indígena por tratar de conservar su independencia. Y un mismo final: la destrucción de su cultura, el martirio y la muerte de sus líderes. Se unen así dos polos antitéticos de nuestra génesis histórica: el indio americano y el español.

Veamos otros fragmentos sobre la leyenda mencionada:

“La india aunque comprendió el fin que se le preparaba, miro con desprecio aquel aparato y todos los planes que formaban. En vano esperaron de ella una sola suplica”
EUSTOQUIO QUINTERO. 1895


“La luna de aquella hermosa noche de San Juan, en lugar del tronchado cuerpo cenceño de Leonelda, hubo de alumbrar, inerte, desmadejado, trágicamente suspendida en la oscura cuerda punitiva, la uniformada corpulencia del arrogante capitán de los esbirros”
CIRO A. OSOSRIO Q. 1962

“La autoridad, vecinos y vecinas van entonces al monte; buscan como sabuesos, inquieren y al fin el mismo Juan de la Cruz a quien se huyó la bruja dio con ella y dio en ella tantos azotes que solo a rastras pudo volver, al cepo y la cadena. También cayeron la Pérez, la de Mora, la Hernández, María del Carmen y además, santo protector del poblado, cayeron los embrujos que habían de destruirlo y que, como lo quiso la justicia, ante la temerosa multitud los fue sacando de entre unos trapos viejos” .
GREGORIO HERNANDEZ DE ALBA 1936

Para concluir el aspecto relativo a la leyenda ocañera, citemos otras dos de menor importancia, pero que igualmente manifiestan el espíritu del pueblo, realzando sus particularidades. Ellas son, “El Alto del Vicario” y “El Sepulturero”.

EL ALTO DEL VICARIO

El protagonista de la narración es, esta vez, un clérigo que, según los datos históricos de don Alejo Amaya, corresponde a la persona del Licenciado don Manuel Alfonso Carriazo, quien se encargó del curato desde 1763 hasta 1768, año en que tomo posesión del mismo cargo “ el Dr. D Agustín Francisco del Rincón (Comisario de la Santa Cruzada) por virtud de permuta celebrada con el Licenciado D. Manuel Alfonso Carriazo, cura propio de esta parroquia” , asignándosele la fecha de 1764.

Don Eustoquio Quintero da al suceso creador de la leyenda, la fecha del 29 de mayo de 1769, y al protagonista, la persona del sacerdote ocañero Agustín Francisco del Rincón, quien desempeñó el curato de 1768 a 1791, fecha de su muerte.

Es realmente difícil establecer cuál de estos dos sacerdotes dio origen a la leyenda, mas como no es interés de este ensayo la discusión estrictamente histórica, demos paso a la mención de los sucesos en dos de sus versiones existentes.

“Ocurrió que el cura y vicario de ese entonces fue sacado una noche, de su apacible reposo, por un campesino de los alrededores quien, con voz desesperada, suplico que le acompañara a casa, donde su mujer esperaba agonizante el consuelo de la confesión. Apresurose Monseñor a seguir al atribulado feligrés, internándose con él y su criado negro, por la campiña.

- Es aquí abajito, su Merced, aquí no mas, pero hay que dejar la bestia para seguir a pie por el desecho que es muy angosto y esta tupido de rastrojo”

Obedeció el cura la voz del hombre y, desmontado, continuó el camino. Con sorpresa indescriptible se hallo entonces en presencia de una joven desnuda atada a un árbol. El sacerdote ante aquel espectáculo intento retroceder, topándose con el desenvainado machete del campesino, el cual murmuró al religioso:

“Esa es mi mujer… es mi esposa, pero yo sospecho que me engaña, mejor dicho estoy seguro… y ella me lo niega… a usted no le negara nada, señor cura: Confíesela, confíesela ahora mismo, y después usted me dirá la verdad… me la dirá, señor cura, por las buenas o por las malas… y que Dios me perdone.”

Ante aquella amenaza que pendía del afilado machete, el vicario, después de explicarle al rudo hombre la imposibilidad de realizar tal sacrilegio, le persuade para que, tomando sus vestimentas, simule ser un clérigo y de esa manera proceda a realizar la acción. Así pues, ofrece las prendas al ofuscado campesino, quien acepta de buen grado la formula, y comienza a colocarse la sotana. Aprovechando los momentos en que el campesino lucha por ponerse aquel engorrosos traje, Monseñor se lanza sobre él, derribándolo por el suelo y reduciéndolo a la inmovilidad con la faja de la prenda. Ante el ruido de la lucha, el criado del cura acude presto y, después de asegurar bien al celoso marido, emprenden el retorno a la ciudad llevando consigo al hombre y a la asustada y maltrecha mujer.

Este suceso fue recogido por primera vez, por Eustoquio Quintero. La situación que narra la leyenda no deja de poseer sus visos maravillosos y exagerados que caracterizan lo mítico. Despojándolo, como hemos hecho con las anteriores, de sus características externas, queda al descubierto, en primer lugar, la exaltación religiosa y la valentía de los ministros de Dios, capaces de arrostrar toda suerte de peligros por mantener intacto el secreto de la confesión.

Al margen de la apología al espíritu religioso, el relato manifiesta también la astucia del campesino y su concepción del honor, mancillado supuestamente por la mujer. Aquí, la traición conyugal impulsa al hombre a tomar una determinación radical que no intenta desconocer a Dios, pero si lo constriñe por medio de su ministro, para que resuelva su cruel incertidumbre. Triunfa, sin embargo, el sacerdote, el cual aparece como un verdadero héroe de su fe, a los ojos de todos.

Sobre el Alto del Vicario se tejen otras historias que se acercan más al campo de lo sobrenatural, que al de lo puramente anecdótico o histórico, revistiendo al paraje de misterio y fascinación.

Al respecto, cuenta la tradición, que un Vicario Apostólico de visita en Ocaña, fue obligado por la fuerza a abandonar la ciudad, colocándosele sobre una acémila, sentado al revés, a fin de aumentar su humillación. En tal circunstancia, el prelado, una vez llegado al sitio que hoy se conoce como el Alto de Vicario, a medio camino del santuario de la Torcoroma, profirió una horrible maldición sobre el valle. Desde entonces dicen las gentes de la comarca, el desarrollo se ha estancado de manera asombrosa y cunden las desgracias por doquiera.

Revisando la “Monografía de la Parroquia”, de Monseñor Pacheco, hemos encontrado algunos datos históricos que muy bien pudieran atribuirse al origen de esta leyenda. En efecto, con motivo de la expedición de los Decretos de Tuición y Desamortización de Bienes de Manos Muertas , por el gobierno de los Estados Unidos de la Nueva Granada, el 20 de julio y 9 de septiembre de 1861, respectivamente, el Sr. Dr. Vicente Arbeláez, “ Obispo de Maximopilis y Vicario Apostólico de Santa Marta”, de visita en Ocaña, publico una pastoral protestando por la medida gubernamental que afectaba directamente los intereses de la Iglesia. Tal actitud produjo de inmediato la reacción de las autoridades, las cuales determinaron su confinamiento y la orden posterior de abandonar la ciudad. “Así, pues, en medio de los vejámenes de sus enemigos y el hondo pesar de sus buenos hijos, salió de Ocaña aquel digno prelado… “ . Como Vicario General fue delegado el presbítero Dr. José Romero, el 20 de enero de 1862, y habiendo adoptado posición análoga a la del anterior, con respecto a los Decretos mencionados, fue detenido en Santa Marta y luego confinado a Cartagena. No sería desacertado suponer que, ante los insultos y humillaciones que llovieron sobre el clérigo Arbeláez, éste lanzara sobre Ocaña y sus dirigentes algún explosivo anatema desde las alturas del Vicario.

Más adelante, en un capítulo dedicado a las historias fantásticas, volveremos a ocuparnos del “Alto del Vicario”.

En la parte dedicada a la leyenda, en “El Valle de los Hacaritamas”, cita don Ciro Osorio, “LA MUERTE DEL SEPULTURERO”, cuyo contexto nos recuerda los episodios de “Narraciones Extraordinarias” de Allan Poe. El protagonista de este relato es Segundo Barbosa, sepulturero de oficio de la ciudad y miembro de los “nazarenos”.

Catalepsia
eduexplica.com

“Después de raros y misteriosos incidentes que rodearon su muerte, al fin descansa en paz Segundo Barbosa” .

Y es que nuestro personaje, debido quizá a su permanente contacto con la muerte, se alcanzo varias veces a escapar de sus garras rindiéndose, luego de propinar terribles sobresaltos a sus amistades y a la ciudad entera, ante la inexorable guadaña…

“La noche era ya casi sobre la ciudad y el sepulturero nazareno se disponía a abandonar sus amados muertos. De repente, al pasar junto a una tumba, un ser etéreo lo asió por el hombro y le lanzo tremendo reproche. Segundo volvió los ojos y a la luz grisosa del Angelus reconoció a un hermano suyo de cofradía, a un compañero muerto hacía ya mucho tiempo. Entonces por su mente ofuscada paso el recuerdo borroso de un compromiso no cumplido al amigo, y mudo, aterrorizado, sintió que los músculos se le relajaban, que le abandonaban las fuerzas y que la tierra fallaba bajo sus pies. Inconsciente, herido y maltrecho allí lo encontraron sus compañeros pocas horas después. Desde entonces Segundo no volvió a servir para nada…

… Tras larga enfermedad, Segundo murió una tarde… y los preparativos del entierro se dispusieron a fin de efectuarlo al día siguiente. Durante el velorio… Segundo Barbosa, ante el asombro despavorido de la enlutada concurrencia, dio señales de vida y, efectivamente, siguió viviendo… Al cabo de algunos días Segundo volvió a dormirse, esta vez si definitivamente… Cuando ya la caja mortuoria fue a ser colocada en la sepultura… alguien advirtió que dentro del ataúd Segundo se había movido…”.

Nuevamente se suscito el pánico y lo sobrenatural volvió a hacerse presente, pero a las cuarenta y ocho horas, pudo comprobarse que el sepulturero era ya un verdadero cadáver, ante lo cual se procedió a inhumarlo.

PERMANENCIA DE LAS LEYENDAS A TRAVÉS DE INSTITUCIONES Y MONUMENTOS


Museo Antón García de Bonilla


Cine Leonelda

 
Estatua de Leonelda
Primera versión, en fibra de vidrio

Leonelda
Segunda versión, en piedra

Leonelda
Monumento en el municipio de González

El nombre de Leonelda ha sido escogido por los padres de muchas mujeres ocañeras y de la región. Hay un Cine Leonelda y una Fundación cultural con este mismo nombre; hay una comparsa en el Desfile de los Genitores que representa a la indómiuta hechicera. 

Las leyendas siguen vivas en el alma del pueblo, en los cuentos que los abuelos y los padres cuentan a los niños, en las pinturas, en la literatura, la poesía y el teatro.














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