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sábado, 13 de julio de 2019

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA EN OCAÑA

BOLÍVAR EN OCAÑA Y CONSIDERACIONES SOBRE 
LA INDEPENDENCIA EN LA REGIÓN




Por Luis Eduardo Páez García
Miembro de las academias de Historia de Ocaña, Norte de Santander, Mompox y Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. 

 Ocaña y varias de las antiguas poblaciones de su provincia, tomaron parte activa en el proceso de Independencia. Muchos de sus hijos ofrendaron su vida en los patíbulos montados por los realistas y otros cayeron heroicamente en los campos de batalla. De acuerdo con una carta de Santander escrita desde Ocaña en 1815, las poblaciones donde había más afectos a la causa patriota eran Ocaña, Rio de Oro y el Carmen. 

Partidos y parroquias de la jurisdicción de Ocaña en 1818 

 Ocaña, Alcaldes de 1ª. Y 2ª. Denominación, Francisco Solano Jácome y Gabriel Barriga; Alférez Real, José de la Trinidad Jácome; Cabildo: Miguel Antonio Rizo, Manuel María Portillo, José Santos de la Motta, Sebastián Nieto y Pedro Muñoz Guerrero; Escribano público José María de Castro; Contador Oficial Real Manuel María Lemus; procurador general y padre de menores José Dionisio Núñez La Cruz (hoy Ábrego), El Carmen: Alcalde pedáneo, Miguel, Antonio Pérez y José María Pérez Casariegos. Aspasica: alcalde pedáneo, Manuel María Portillo. Teorama: Alcalde pedáneo: Martín Portillo. Fernández. Río de Oro. San Andrés (Pueblo Nuevo). La Loma. Sinuga. Boquiní. Torcoroma. Aguas Claras. Playa (La Playa de Belén). Casa Excusada (Partido de El Tarra) 

 El historiador Justiniano J. Páez, en sus Noticias históricas de la ciudad y provincia de Ocaña desde 1810 hasta la guerra de los tres años, se refiere así a los sucesos ocurridos en Ocaña durante el proceso de Independencia.

Cierto es que los dirigentes de los negocios públicos, como la mayor parte de los notables de la población, eran de prosapia española y adictos por ende a la causa del rey, como lo demuestran las instrucciones dadas por el muy ilustre cabildo, justicia y regimiento al comisionado de Ocaña a la junta de Santa Marta, pero no es menos cierto, que al aproximarse Bolívar a la ciudad (1813) ya se habían hecho conocer de sus moradores las ideas que le animaban y el objetivo de la campaña, consignados de manera muy clara en la Memoria que dirigió a los granadinos antes de marchar a Barranca. 

“A acentuar el sentimiento patrio entre los habitantes de Ocaña, contribuyo en gran parte el joven Antonio Quintero Copete, quien ―por el año de 1810 se hallaba en Pamplona haciendo estudios secundarios y tomó parte activa en el movimiento que allí se levantara contra el corregidor Bastús, y fue de los que apresaron a este arbitrario gobernante. Algunos días después de la insurrección, Quintero regresó a Ocaña y trajo, como era natural, la noticia de los sucedido, y también la del movimiento del Socorro: mas no se limitó simplemente a hacer conocer de sus amigos y compañeros estos hechos, sino que se propuso despertar en el ánimo de aquellos las simpatías por la causa de la independencia, lo que consiguió sin mucho esfuerzo, principalmente después de que por la indiscreción de un correísta se supo en la ciudad lo acaecido en Bogotá el 20 de julio de ese mismo año. Cuando las autoridades se percibieron del núcleo que estaba formándose de patriotas, empezaron a ejercer presión sobre ellos y a hostilizarlos de todas maneras. En esta situación los patriotas se vieron precisados a salir, los unos a sus haciendas y los otros a los pueblos a los pueblos circunvecinos a esperar, fuera de la ciudad, una reacción favorable a la causa de sus simpatías. Así pasaron dos años, hasta que a fines de 1812 circuló por todo el lugar la noticia de los triunfos de Bolívar, noticia que en vano pretendieron disimular las autoridades, pues su inquietud, la aceleración de los movimientos y algunas otras demostraciones revelaban la zozobra en que se hallaban. 

Esta situación favoreció en mucho a nuestros patriotas; a la sombra de ella pudieron efectuar sus reuniones y mandar expresos a Puerto Nacional a recoger datos ciertos de lo que ocurría en el río. 

Los comisionados regresaron inmediatamente trayendo la noticia del desembarco de las fuerzas libertadoras, en Puerto nacional. Esta noticia fue confirmada con la actitud que asumieron las autoridades, quienes principiaron a hacer los preparativos de marcha, y a la tarde del día siguiente dejaron sola la población, llevándose consigo a todos sus adictos. 

Componían estas autoridades los señores Joaquín María Rizo, jefe político; Francisco Solano Jácome, síndico procurador de la ciudad; Francisco Gómez Navarro, escribano público; Ramón Trillos, Miguel Antonio Villareal y Francisco Quintero Príncipe, miembros del cabildo. Sea que muchos realistas resolvieron abrazar la causa de la Patria, o que Bolívar llamara a las autoridades, es lo cierto que a su entrada y durante su permanencia en Ocaña, algunas de las referidas personas se encontraron aquí desempeñando funciones públicas. En este estado de cosas, los patriotas acordaron formar una reunión para establecer una junta patriótica, la cual quedo instalada y fue presidida por los señores José Quintana y Juan B. Sánchez. La junta dispuso enviar una comisión de tres individuos a entenderse personalmente con Bolívar. Esta comisión recayó en los señores Antonio Quintero Copete, Manuel E. Trigos y Juan de Francisco García, quienes esa misma tarde se pusieron en camino a cumplirla. Cuando la comisión llego, ya Bolívar había determinado pasar a esta plaza, y al efecto daba las disposiciones del caso para emprender la marcha. Sabedora la comisión del proyecto de Bolívar, envió expresos a la junta comunicándole la resolución de este jefe, para que se aprestaran a hacerle el recibimiento. La junta procedió enseguida a dar las disposiciones convenientes para hacer la recepción. Una de estas fue la de nombrar una comisión de señoritas para presentarle a Bolívar una corona de flores y darle, en un breve discurso la bienvenida. Esta comisión recayó en las señoritas Bárbara Vicenta Lemus, María de Jesús Patiño, Juana de Dios Lemus, Nicolasa Ibáñez y Eusebia Sarabia; la encargada de llevar la palabra y presentar la corona fue la señorita doña Barbará Vicenta Lemus, en quien concurrían los dones especiales de vivacidad, belleza y espíritu público" (J. J. Páez, 20-24)

   

"Al atardecer de uno de los primeros días de febrero (es el mes es enero,de acuerdo con las fuentes primarias) de 1813, a semejanza de aquella tarde de 1625 en que la ‗multitud abigarrada y parlanchina amontonábase en la Punta del Llano con el decidido ánimo de presenciar la entrada del primer obispo que venía a visitar la ciudad‗, aparecía en el mismo sitio una inmensa y alegre muchedumbre de todas las clases, condiciones y edades, después de haberse oído los disparos que eran la señal de la aproximación de las fuerzas patriotas, disputándose la vista del vencedor del Magdalena. Los primeros jinetes que penetran en la empinada entrada de la plazuela hacen despejar el paso. Son los oficiales venezolanos que, por insinuación del cura párroco Doctor Alejo María Buceta, y del alcalde ordinario, hacen alto y comunican a su jefe los deseos de la población. Pocos momentos se suceden, y un oleaje de cabezas humanas deja comprender que todos buscan un punto para contemplar al vencedor del Magdalena...

...A recibir los saludos del padre Buceta, del alcalde y de varios notables se apea un apuesto joven de sólo veintinueve años cumplidos, de mediana estatura, rostro moreno encendido, cejas arqueadas y espesas, ojos muy negros, grandes, llenos de fuego y penetración, expresivos de energía de imaginación y grandeza de alma, frente grande cubierta en parte por el cabello desgreñado, boca grande y graciosa, bigotes y patillas negros y nacientes. La multitud se persuade de que es Bolívar y redobla los vivas y aclamaciones, que fueron el primer saludo dirigido por el pueblo a él y a sus tropas. A la presentación de la corona que con palabras de sabor patrio le ofrece la señorita doña Bárbara Vicenta Lemus, corresponde aquel joven con la galante expresión, con la elocuencia de quien más tarde debía causar la admiración del mundo con su múltiple actuación de, guerrero, legislador, tribuno, diplomático, escritor, pensador y fundador de pueblos. 

 “La comitiva llegó a la casa destinada para alojamiento, la cual estaba preparada con las comodidades que permitía la época, y la tropa fue acuartelada en el local de la plaza mayor, hoy Plaza del 29 de Mayo, destinada para este servicio. Al día siguiente fue invitado Bolívar a una misa solemne con Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso por su feliz arribo a la ciudad. Concluida la ceremonia, la comitiva se dirigió a casa de la señora Carmen Ibáñez, donde debía terminar el obsequio con un suntuoso banquete. 

En los días siguientes Bolívar y sus oficiales fueron objeto de numerosos regalos y felicitaciones. (J. j: Péez: 22-24)

"Como el tiempo era angustioso, Bolívar decidió emprender la marcha hacia Cúcuta cuanto antes y dictó las providencias para hacer los preparativos del viaje. Ínterin se hacían éstos, Bolívar dispuso nombrar al señor don José Quintana, persona de grande influencia en la localidad, jefe de esta región, con plenos poderes y lo encargó de formar un batallón cívico. Nombró además como segundo de Quintana, al señor don Juan B. Sánchez, y Quintana nombro como su secretario al señor don Luis Jácome Morinelly. Como Bolívar había creado ya especial estimación por los jóvenes Antonio Quintero Copete y Juan Francisco García, quienes le manifestaron su deseo de acompañarle a Cúcuta, resolvió nombrar al primero su ayudante, y al segundo, jefe de una compañía que él formara con los voluntarios, la cual levaría por nombre Compañía Libres de Ocaña’. (J. J. Páez: 26-27)

“Llegó por último el 16 de Febrero, día señalado por Bolívar para emprender la marcha. En las primeras horas de la mañana las cornetas dieron los toques respectivos. Una muchedumbre compuesta de mujeres, ancianos y niños se aglomeró en las afueras de la población para presenciar allí las salidas de la fuerza. Al aparecer esta, un rumor sordo, mezclado de dolor y regocijo, se escapó del tumulto. En seguida hubo, como en todas las veces, patéticos cuadros de separación: madres que ven alejarse a su hijos; hijos que dejan a sus madres; esposos que se confunden en un abrazo interminable mientras que un hilo de dolor desprendido de los ojos se abre paso por sus mejillas, y todo bajo la presión de un futuro cuajado de perspectivas inciertas, que era como un amago de la muerte sobre aquel haz de vidas. Perdidos los últimos soldados en las primeras vueltas del sendero, la muchedumbre regresó al lugar pausada y melancólicamente…(J. J. Páes: 27-28).

"Esas unidades de momposinos y ocañeros, insignificantes al parecer como factores valiosos de los que necesita un buen cuerpo del ejército, pero que llevaban latentes en sus pechos la bravura indomable y el heroísmo legendario, fueron la base de organización del ejercito con que el brigadier Simón Bolívar acometió la famosa campaña que según expresión del general Rafael Urdaneta, parecía deber tragarse hombres y recursos, y que abierta en los valles de Cúcuta con la derrota de Correa, fue seguida de los triunfos de la Campaña Admirable…” (J. J. Páez: 28-30)

"Es esta una página de gloria para el patriotismo de los valerosos hijos de Ocaña, que debe tenerse en cuenta cuando desfile ante nuestra vista el sangriento cuadro de la facción de los colorados, para no imputarle a la ciudad el haber sido hostil a la noble causa de la independencia por los hechos que posteriormente atrajeron de una manera seria la atención del gobierno republicano hacia esta región durante varios años. 

Tal facción fue la obra del Pacificador Morillo; fue la estela de sangre dejada a su paso por el fuego del odio que logro infundir en unos pocos realistas de aviesos sentimientos y que fácilmente se propago por algunos pueblos y campos vecinos. Es constante que Bolívar dio a la ciudad el título de Ocaña Independiente en premio de la adhesión de sus habitantes. Los documentos oficiales eran encabezados así: “Ocaña Independiente”.- Gobierno de Cartagena, etc. etc.‗. Al margen un sello con el busto de La Libertad. (J. J. Páez: 30)

 El historiador Justiniano J. Páez, tomó los datos anteriores, del escrito de Rubén Sánchez N. y Carlos Molina L, Una página de historia, artículo basado en el relato de testigos presenciales de la recepción del libertador y en documentos auténticos, y publicado en Lecturas, de Bucaramanga, correspondiente a agosto de 1911. Además, el autor de estas Noticias, conoció personalmente a algunos soldados de la Compañía libres de Ocaña, quienes fallecieron de más de 90 años y cultivó relaciones de amistad con el soldado Andrés Cáceres. Con fecha, 25 de octubre de 1884, el Presbítero Justiniano Sánchez Lobo escribe un artículo titulado “Ocaña”, cuyo original reposa en el Archivo Eclesiástico de la ciudad (Libro de bautismo Nº 25), en el cual rescata los sucesos que produjeron el Acta de independencia de Ocaña y los nombres de sus signatarios. Así mismo, narra el sacerdote la conformación de la compañía Libres de Ocaña, denominándola batallón Libertador de Ocaña, e indicando el número de sus componentes, oriundo de Ocaña y de la vecina población de Río de Oro. Este documento se reprodujo en la revista Hacaritama N°252 a 254, enero a diciembre 1974, p. 119):


EL ACTA DE INDEPENDENCIA DE OCAÑA

   

"El 7 de abril de 1813, congregados en la plaza de Santa Ana de Ocaña los ciudadanos partidarios de la causa de la independencia de América, en un comisio (sic) popular hicieron pedazos 24 los sellos de España, los escudos de armas de los oficiales. Es voz común y tradicional, que con la madera de dichos escudos, hicieron fogonadas en las que hicieron chocolate algunos graciosos. Este comisio (sic) depuso a los antiguos regidores del cabildo, y a todas las autoridades realistas, y nombró nuevas. Los regidores que compusieron el nuevo cabildo fueron los señores don Sebastián Álvarez Llaín y Sarabia, don Juan Pino, don Bernardo Barbosa y don Miguel Martínez Troncoso. "Este cabildo levantó el acta de independencia de esta ciudad que fue suscrita por los señores dichos, por José de Jesús, don Francisco Antonio, don Rafael, don Gabriel, don Nicolás, y don Pablo Lobo; don Miguel Pacheco, don Juan de Dios Illera, don Antonio Luis Jácome, don Francisco de Robles, don Bernardo Pacheco, don Ignacio Lobo de Rivera, don Francisco Gómez de Castro, don Gabriel Barriga, don José Quintana, don Francisco, don Bernabé y don Antonio Pacheco, don Martín y don Antonio Quintero Copete y el padre de ellos, don Gregorio Quintero, don José Antonio Quintero (Montaño), y otros muchos ciudadanos. En aquel precioso documento se desconocía el gobierno español y se reconocía el que emanaba del Libertador D. Simón Bolívar, se adherían a la revolución que este ilustre americano acaudillaba, se constituían a sostenerla y a no ahorrar sacrificio para lograr la emancipación de España. Como dicha acta se ha perdido, tuve el cuidado de tomar datos que aquí consigno de los verídicos labios de don Casimiro Pinto, vecino de Río de Oro. En conformidad con lo pactado en aquella acta, marcharon 180 ciudadanos de esta ciudad, formando un batallón con el nombre de "Libertador de Ocaña", a cuyo cuerpo pertenecía una compañía de los vecinos de Río de Oro constante de 70 hombres. Estas fuerzas con 150 hombres que trajo el general Bolívar de Mompós, son los 400 momposinos a quienes él decía que debía su gloria. No es extraño que el gran caudillo no hable de Ocaña, pues haciendo en aquel entonces lo que hoy se llama departamento de Ocaña, parte de la provincia de Mompós, natural era que se llamara momposinos a los egregios patriotas que aumentaron y animaron a las escuálidas fuerzas que trajo el Libertador de la "Ciudad Valerosa"; las que debido a los reñidos combates que sostuvieron con los realistas de Tamalameque, San Bernardo, Simaña, El Banco y demás pueblos de la ribera del Magdalena, habían perdido el primitivo brío. La recuperación que se les hizo en Río de Oro, que consta en las declaraciones de doña Luisa Pinto de Durán, que a su tiempo publicaré, y las que le hicieron los patriotas de esta ciudad los llenó de entusiasmo y al partir de aquí, dejaron consignado su valor en las jornadas de Jagual, San Cayetano, Salazar de las Palmas y Cúcuta. Allí la emulación de las tres fuerzas unidas, momposinas, ocañeras y de Río de Oro, inició de una manera formal y seria nuestra independencia de la de España y la independencia de todas las repúblicas suramericanas. Glorias que nadie puede disputarle a Mompós y Ocaña. El primero de estos pueblos tomó la iniciativa, el segundo, secundó aquel movimiento y ambos han prometido incógnito por muchos años, desconocida para los colombianos, la heroicidad de estos pueblos célebres en la historia por lo trascendental que fueron sus movimientos. Un momposino, el doctor Esteban María Pupo en la celebración de la fiesta clásica de Mompós, el 6 de agosto de 1910, dijo que Ocaña era un pueblo sin historia; un pueblo oscuro y sin lustre; y nadie le replicó, nadie se preocupó por aquel apóstrofe en que ultrajaba el amor patrio de los ocañeros; todos callaron y consintieron en que aquel insulto envolvía verdad. Amigo personal del referido señor doctor Pupo, el que esto escribe, el último de los hijos de Ocaña ha emprendido un trabajo sobre estos hecho históricos, que una vez concluido verá la luz pública; ese trabajo tiende a demostrar que Ocaña sí tiene historia llena de inmarcesibles glorias, glorias hermanadas con las de la ilustre ciudad que mi amigo reputa por patria Este trabajo le probará que fue ligero en sus apreciaciones, y no sabemos por qué, apasionado contra este suelo, donde siempre se le han mirado consideraciones especiales. En todo caso la verdad que vendrá a iluminar el cuadro de las iniciales glorias americanas, no será motivo para promover quiebras en la amistad, ni emulaciones entre los hijos de Ocaña y Mompós que nacieron juntas a la libertad, cuyos hijos siempre se han tratado con grande estimación mutua. "Este trabajo en que procuro que todo se pruebe hasta la evidencia, no cercenará los méritos de ningún pueblo; haré manifiestos los de mi patria sin menoscabo de los demás; recogeré el laurel que estaba oculto y colocaré en la corona que ciñe las sienes de la hija de Bolívar, en las sienes de Colombia. "Los hijos de Ocaña, con ese carácter heroico con que les ha dotado Dios, no podían dejar de tomar parte en la magna guerra, ni de distinguirse en ella por sus buenas condiciones para la lucha. "No se enciende una vela para ponerla bajo el celemín", sino que se coloca sobre el candelero para que alumbre toda la casa. Dios no nos hubiera dado un gran carácter para desplegarlo solo en nuestras fratricidas guerras; nos lo dio para lidiar en aquella gloriosa guerra que nos elevó al rango de nación; para defender nuestros derechos, los fueros de la patria y los fueros de nuestro Dios. "Lástima que nuestro genio lo hayamos empleado durante 60 años para destruirnos, para aniquilarnos, para arruinar la patria. "Ocaña, octubre 25 de 1884. "Justiniano Sánchez Lobo, Pbro." Es copia del Libro de Bautismos Nº 25 Expedida en Ocaña a 16 de septiembre de 1972 (Nota de la Dirección de la revista Hacaritama). 

En diciembre de 1935 y febrero de 1936, la revista Hacaritama da a conocer el artículo La visita del héroe, del historiador y poeta Jorge Pacheco Quintero, quien transcribe la Proclama de Simón Bolívar a los ocañeros, documento que se encontraba en el archivo privado del doctor Francisco Aquilino Jácome, y que fue suministrado al autor por don Eliseo Jácome, descendiente del primero. Se aclara aquí, que la presencia de Bolívar en Ocaña corresponde a los días 9 o 10 de enero de 1813 y no del mes de febrero como se venía afirmando hasta entonces, con base en la fecha inserta en la citada proclama. PROCLAMA DE BOLÍVAR A LOS OCAÑEROS 

"22-De una copia SIMÓN BOLÍVAR Coronel del Ejército, Comandante en Jefe de la Expedición del Alto Magdalena- Habitantes de la ciudad de Ocaña:- El soberano Gobierno de Cartagena que tan generosamente ha tomado a su cargo redimir a los pueblos americanos que gimen bajo el yugo español, me ha enviado a la cabeza de sus tropas victoriosas para que, pacificando vuestra comarca, os ponga en posesión de vuestros derechos que os habían usurpado vuestros opresores. El cielo, que siempre protege la Justicia ha coronado los esfuerzos de nuestros soldados con los más completos sucesos contra nuestros odiosos enemigos. Nuestras banderas tremolan en todas las riberas del Alto Magdalena, sin que un solo español las holle con sus plantas, ni ninguno de sus buques navegue en sus aguas; a la presencia de nuestras armas han desaparecido las bandas españolas; derrotadas por todas partes se escapan fugitivas a buscar un asilo en los remotos lugares que infestan todavía sus compañeros en cobardía y en maldad, pero la espada vengadora de la América está levantada y viene pronto a descargar su mortal y último golpe sobre esta perversa raza de bandidos. Vosotros habeis oído los triunfos conseguidos en los pueblos sublevados de SABANAS, los que recientemente ha logrado la Expedición contra SANTA-MARTA, que al presente debe estar en poder de sus conquistadores, y sois testigos de las ventajas que en vuestro propio territorio el Dios de los ejércitos nos ha dado.- Todo prueba que los tiranos han sido destruidos, que su reino ha cesado para siempre y que os halláis 26 libres de sus depredaciones y ultrajes. Ya tenéis el augusto carácter de ciudadanos que los legítimos representantes del pueblo han formado para promover su felicidad, y sostener su gloria; ya gozáis, en fin, del honor de ser compatriotas de vuestros redentores los hijos de la ilustre CARTAGENA. Sed,- habitantes de OCAÑA, dignos de llamaros ciudadanos de la NUEVA GRANADA; iguales a vuestros hermanos en virtud política, labor militar y costumbres republicanas para que os hagáis acreedores a la honras que les habéis merecido elevándoos al alto rango que ellos ocupan en el teatro del mundo.. Apresuraos a disfrutar de las gracias que os han concedido, abriéndoos la carrera de la fortuna y de la gloria, en la agricultura, el comercio, las artes, las ciencias, las armas, las dignidades; estos son los dones que reciben los pueblos vencidos por las armas de la libertad, al someterse al imperio liberal de las leyes, en lugar de muerte y esclavitud que dan los tiranos a las infelices regiones que sucumben a la fuerza de su poder; comparad la conducta de vuestros opresores con la de vuestros libertadores, y veréis que no es engaño. Ellos vinieron a salvaros y os trajeron la guerra, la desolación y todas las calamidades que aflijen a la humanidad, en tanto que nosotros hemos venido a destruir a vuestros enemigos y por consiguiente a subyugar a los pueblos que los auxiliaban y los hemos restituido a la paz, les hemos presentado todos los bienes a que el hombre puede aspirar por los medios de la industria y del mérito.- Bajo los auspicios de nuestras constituciones, leyes y magistrados, debéis contar con la seguridad de vuestras propiedades que serán respetadas, con vuestra libertad civil que será sagrada, y con vuestro honor que será inviolable.- Ciudadanos de OCAÑA.- vivid tranquilos, pacíficamente, en el seno de vuestras familias, ocupándoos honradamente de vuestros acostumbrados ejercicios, en la firme inteligencia que hallaréis en el gobierno una protección paternal en el lugar de la terrible persecución que teníais; jamás la inocencia puede sufrir ni el crimen triunfar en donde el Estado de CARTAGENA se, digna extender su benéfico dominio- CUARTEL GENERAL DE OCAÑA INDEPENDENDIENTE- 12 de enero de 1813- SIMÓN BOLÍVAR JUAN SALVADOR NARVÁEZ MAYOR del Ejército del Comandante general de la expedición del Alto Magdalena- ------------- Ocaña- ENERO 14 de 1813- Recibida la antecedente copia del bando que en Proclama ha dirigido el señor don SIMÓN BOLÍVAR, coronel de Ejércitos y Comandante en jefe, publicada en la tarde del día 12 del corriente. Fíjese en los Parques públicos y comuníquese a los jueces subalternos o curas párrocos para que la lean en 3 días festivos en las iglesias de su partido- SEBASTIÁN LLAÍN" ------------- Certifico que es fiel copia de una copia de la época- Barranquilla- 24 de octubre de 1939- JORGE PACHECO QUINTERO- ---------- --- 

El señor JORGE PACHECO QUINTERO, uno de los 9 fundadores del Centro de Historia de Ocaña, descubrió en el archivo del señor ELISEO JÁCOME J., en Barranquilla, esta olvidada PROCLAMA, la primera sin duda que publicara BOLÍVAR- (Nota del historiador Justiniano J. Páez para la revista Hacaritama). Durante esta jornada gloriosa, se destacan las figuras del cura párroco Alejo María Buceta, don Miguel Ibáñez y los patriotas notables de la ciudad quienes ponen a disposición de Bolívar dinero, víveres y voluntad de lucha. La tropa libertadora fue acuartelada en la Plaza Mayor y Bolívar en una residencia frente a esta plaza (hoy sede del Club Ocaña). Al día siguiente, se llevó a cabo una misa solemne con Te Deum y luego un agasajo en casa de doña Carmen Ibáñez. En Ocaña, y gracias al apoyo económico de don Miguel Ibáñez, quien puso a disposición de Bolívar los dineros oficiales, y a la gestión del padre Buceta, se fortalece el ejército y se suma a él la Compañía Libres de Ocaña bajo el mando de Juan Francisco García, teniendo como Ayudante de Campo a 
Antonio   Quintero Copete.

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Nazario Díaz, pintura de José Narciso Quintero.

Algunos de los patriotas ocañeros y riodorenses, que integraron este cuerpo de tropa, fueron: Manuel Rincón, Jesús María Sánchez, Tomás Molinares, Manuel Cáceres, Rafael Molina, Antonio Ballesteros, Juan Antonio Gutiérrez, Pedro Molina, Manuel Toro, Miguel Barriga, Guillermo García, Luis María Santiago, Julio Avendaño, Fermín Acosta, Santos Pacheco, Venancio Gómez, Víctor López, Manuel Bayona, Julio Santiago, Carlos Mantilla, Martín Casadiegos, Jesús Sánchez, José M. Cano, Quintín Sánchez, Nazario Díaz, Andrés Cáceres, Francisco J. Arévalo, Eugenio Barbosa, José Manuel Ibáñez, Sebastián Llaín, Bernardo Pacheco y Natividad Posada. La mayoría de ellos cayeron defendiendo la libertad, en la batalla de Cúcuta. El 16 de febrero de 1813 Bolívar sale de Ocaña hacia Cúcuta con tropas y abastecimientos suficientes para proseguir su Campaña Admirable. 

  La reconquista 

Ocurrida la derrota de los patriotas en Venezuela, Bolívar viaja a Tunja para dar cuenta al Congreso de sus acciones. Los realistas ocupan Ocaña y Bolívar los desaloja en febrero de 1815. Antes de proseguir con lo relativo al tema que nos ocupa, es preciso destacar la trayectoria militar de FRANCISCO DE PAULA SANTANDER, máximo exponente de los próceres nortesantanderanos y colombianos, ―organizador de la república‖ y artífice de la organización de los ejércitos patriotas en los Llanos, antes de la batalla final del 7 de agosto de 1819. Desde el avance de Bolívar hacia el interior de Venezuela, en mayo 1813, Santander había sido elevado al rango de sargento mayor en el combate de Angostura de la Grita, el 11 de abril de 1813, grado que le otorgó el coronel Manuel Castillo. Queda entonces Santander a cargo de la defensa de los valles de Cúcuta y parte de la región de Táchira. A comienzos de 1814, y después de la derrota sufrida contra las tropas de Bartolomé Lizón en el Llano de Carrillo, reorganiza sus fuerzas y junto con los generales MacGregor, Custodio García Rovira y Urdaneta, reconquista el área de Cúcuta. En 1814, es ya segundo al mando de las tropas de la Unión bajo las órdenes del coronel MacGregor, encargado de desalojar las tropas españolas de la región norte. Antes de su llegada a Ocaña, le fue otorgado el grado de coronel. En mayo de 1815, La Rus se apodera de Mompós y Santander es encargado de organizar en Ocaña una fuerza de 500 hombres para liberarla. A comienzos de julio de este año, Francisco de Paula Santander llega a Ocaña recibiendo allí el nombramiento de Comandante General de las tropas que operaban en la zona norte. En noviembre, la arremetida realista de Calzada obliga a Santander a retirarse de Ocaña hacia Bucaramanga y luego a Girón, en una acción evasiva considerada como genial por los historiadores militares. 

Hace parte Santander, de los oficiales vencedores de la batalla del Hato de Yagual el 10 de octubre de 1816. Entre 1817 y 1818, “interviene a órdenes de Bolívar, en los combates de Fuerte Brión, Calabozo, Sombrero, Acurén, Ortíz y Rincón de los Toros”. El 12 de agosto de 1818, Simón Bolívar lo asciende a general de Brigada como recompensa a sus valerosas acciones militares y la efectiva conducción de las tropas como comandante “de los batallones Piar, Apure y Bajo Caroní”.  
 La insostenible posición de los patriotas en la zona cordillerana, obliga a Santander a marchar con el francés Manuel Serviez y el resto de sus hombres hacia los llanos de Casanare. En marzo de 1819, la correspondencia del prócer nortesantandereano refleja el estado caótico de las fuerzas patriotas, sin recursos económicos, sin logística, baja la moral de las tropas y con un acentuado celo y división entre los caudillos regionales que habían emigrado hacia esa misma región. Superando los escollos, Santander concilia con los caudillos, reorganiza el ejército e impone la disciplina militar a ese grupo de hombres agobiados por la derrota y el sufrimiento físico. Con ellos, una vez organizados, detiene el avance de las tropas de Barreiro que amenazaban las poblaciones de Casanare y Arauca. Después de un considerable tiempo de espera, Bolívar llega a Tame el 12 de junio de 1819, con tropas venezolanas y de la legión británica. Allí encuentra un ejército organizado, disciplinado y listo para el combate. El 15 de junio de 1819, comienza en firme la Campaña Libertadora final. La vanguardia de las tropas bajo la conducción de Santander y la retaguardia a órdenes de José Antonio Anzoátegui. Después del heroico paso por el Páramo de Pisba, los patriotas caen sorpresivamente sobre los enclaves realistas, produciéndose, entre otros, los combates de Paya (27 de junio), el Pantano de Vargas (25 de junio) y, finalmente, el significativo enfrentamiento del Puente de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, donde los soldados de la Corona son derrotados definitivamente. El 20 de septiembre de 1819, Francisco de Paula Santander es nombrado por Bolívar, investido ya como Presidente de Colombia, como Vicepresidente encargado del poder ejecutivo de la naciente república. Continuamos con la narración histórica relativa a la época del terror: En los primeros días (el 3) del mes de abril de 1815, arriba a las costas de Cumaná la expedición comandada por el teniente general don Pablo Morillo y su segundo al mando, mariscal Pascual Enrile. De Cumaná, pasa el Pacificador a Margarita (10 de abril) y luego a Puerto Cabello, cayendo sobre Caracas (11 de mayo) donde reorganizó el gobierno. Luego, torna a Puerto Cabello y se dirige desde allí hacia Santa Marta, a donde llega entre el 22 y el 23 de julio de 1815. Después del doloroso sitio de Cartagena (18 al 20 de febrero de 1816) y la muerte vil de sus mejores hijos, los expedicionarios siguen hacia el interior tomando el río Magdalena hasta el Puerto Real de Ocaña.


   

 El 1 de abril de 1816, el General Pablo Morillo y su segundo, don Pascual Enrile, entran a la ciudad iniciándose el reinado del terror para los patriotas y sus familias. Caen bajo las armas pacificadoras, los patriotas Miguel Carabaño, venezolano, cuya cabeza es expuesta en la plaza mayor, y los patriotas ocañeros Hipólito García, Juan Salvador Chacón el 9 de abril de 1816, y el negro Manuel María, el 17 del mismo mes. En 1817 les son confiscados sus bienes al padre Alejo María Buceta, quien es confinado en Santa Marta. 

 
Pablo Morillo, "El Pacificador"

 La guerrilla realista de Los Colorados.

Según J.J. Páez, a la salida de Morillo de Ocaña debió quedar encargado de la comandancia militar de la ciudad don Rafael de Aragón. “Fueron alcaldes ordinarios en este año los señores doctor Francisco Aquilino Jácome, don Martín Vila (alférez real) y don Tomás Peinado”. El historiador señala que la presencia de Morillo en Ocaña y las drásticas medidas tomadas por sus subordinados, debieron contribuir a fortalecer los menguados núcleos de monarquistas aún existentes. 

Fue así como surgió el cuerpo irregular denominado los Colorados, en 1818, bajo la protección de las fuerzas regulares, cuyo propósito era de hostigar a los patriotas y producir, a través del terror, el impacto sicológico suficiente como para desanimar cualquier apoyo a la causa de la independencia. La guerrilla realista de Los Colorados, estaba dirigida por "el comandante Juan Jácome, los capitanes Manuel y Cleto Jácome y Bernabé Ruedas, el teniente Juan Esteban Toscano, los subtenientes y sargentos Dionisio Barbosa C., Juan José García, Manuel (alias Chepito), y otros, que creían lícitos todos los desmanes siempre que llevaran por móvil la causa del rey...". (Páez Courvel, 68-69). Los Colorados alcanzaron a constituir una fuerza de más de 1500 hombres. El nombre de Colorados, le fue puesto a esta fuerza irregular debido al pantalón rojo que usaban sus soldados. "resultado de la saña e insólita crueldad de los Colorados fue el martirio de los decididos y probos patriotas don Miguel Pacheco, don Juan Pino, don José Mora, don Eugenio Barbosa, don Juan de Dios Illera, don Gabriel Quintero, don Manuel Ibáñez, don Bernardo Pacheco y don José Posada. Don Manuel Ibáñez, hijo del doctor Miguel Ibáñez, quedó herido gravemente y fue dado por muerto, lo cual le permitió vivir cuarenta años más. También fue víctima de la sevicia de Los Colorados, doña Agustina Ferro, ejecutada el 20 de enero de 1820. En julio de 2009, el historiador ocañero Lumar H. Quintero Serpa publicó la obra Los Colorados. Los guerrilleros del Rey, en la que destaca los pormenores de este grupo irregular, finalizando con algunas reflexiones comparativas, entre la actual insurgencia que opera en Colombia con aquella de tinte monarquista que asoló la región de Ocaña. 

Ataque republicano a las tropas reales de Ocaña. 

10 de noviembre de 1819. Los patriotas de Ocaña atacan una guarnición realista dando “muerte a 15 españoles, entre ellos un capitán, dos subtenientes, cuatro sargentos y siete húsares. Como represalia, el 19 de noviembre los españoles fusilaron a “Segundo Perlado, cabo primero; Gregorio Vesga y Esteban Uribe, capitanes ambos, oriundos del Socorro” Cabo primero; Feliciano Saborido.- Corneta: Manuel Montaño – Soldados: Ramón Hernández e Isidro Cabra.- Paisanos: Dn José Joaquín Navarro (murió), Don Juan esteban Navarro, don Luis Sanjuán, Juan Evangelista y Alejandro García, Julián Robles Castillo (murió), José del Carmen Barbosa.- religioso franciscano; fray Camilo Almansa.- Mujeres: doña María del C. Álvarez de Castrellón: Doña Juana Antonia Pacheco; Juana Antonia Carranza; Martina Jácome; Mónica Castrellón. “Relación de las personas que por cómplices en las ocurrencias de esta ciudad de Ocaña el 10 de noviembre de 1819 se hallan presas y quedan en esta ciudad y de los fiadores que al margen derecho se expresan: Clases – Nombres – Fiadores (se señalarán con una f) Paisanos: Don Juan Antonio Quintero, f. don Juan Sánchez de la Motta; don José Ibáñez, f, don Pedro María Criado; don Manuel María Trigos. F. don José Sánchez de la Motta.- Mugeres Da. Josefa León y sus cuatro hijas; doña Rosa Jácome; doña Isabel Jácome; doña Rafaela Jácome y doña Trinidad Jácome, f. don victoriano García; doña Francisca Madariaga, f. don Jorge María Madariaga y don Juan Esteban Madariaga, doña María Josefa del Castillo y sus hijos; doña maría Eusebia Álvarez; doña dolores Álvarez; Mercedes Toro; Inés Cuéllar; Manuela Villareal, f. don Garbiel Gómez; Ana Joaquina Benítez, f. Floriano Márquez; Salvadora Rincón, en casa de Socorro Alvernia bajo su responsabilidad, - Paisano: don Juan Bautista Vergel, bajo responsabilidad de don Francisco Madariaga” Hubo implicados en las poblaciones de Río de Oro, La Cruz, Carmen, Cascajal, Puerto Real y Teorama” 

Los Colorados actúan contra los patriotas de la zona de Ocaña entre 1818 y 1822 , año este cuando sus principales jefes son capturados y fusilados en el barrio de El Carretero por el coronel momposino Pedro Celestino Guillín y Gutiérrez, comandante republicano del Cantón de Ocaña.

Nuestras mujeres en la Independencia

Aún falta realizar trabajos de investigación para recuperar muchos nombres de nuestra heroínas y mártires en aquellos años de la lucha contra el imperio español-

Hasta ahora, destacamos a las siguientes:

Nicolasa y Bernardina Ibáñez.




Agustina Ferro.

Bárbara Vicenta Lemus



Más la madre y hermanas de Nicolasa y Bernardina Ibáñez, la hermana de Bárbara V. Lemus y todas aquellas detenidas y juzgadas por el ataque patriota a la guarnición realista en 1819, que se indican atrás.

Al cumplirse 200 años de la Batalla de Boyacá, la Academia de Historia de Ocaña y el pueblo regional rinde homenaje de admiración y gratitud a todas estas damas y a los hombres y jóvenes que participaron en todo el proceso de independencia desde 1810 hasta 1822.

Bibliografía

Fuentes primarias
Libro de bautismo 25, Archivo de la Diócesis de Ocaña.
Revista Hacaritama.
Libros y artículos
Bolívar, Simón. Obras. Cartas, proclamas y discursos, Vol. II Caracas: Compilación de Vicente Lecuna. Ediciones de la CANTV, 1982.
Castilla Jácome, Astolfo. “Ocaña en la Independencia”. En Revista Hacaritama N° 239, enero a abril 1968.
Larrazabal Felipe. La Vida de Bolívar, Libertador de Colombia y del Perú, padre y fundador de Bolivia. Escrita cuidadosamente, con presencia de documentos auténticos y muchos inéditos de grande interés. Tomo Primero. New York: En la imprenta de Eduardo O. Jenkins. 1875.
Martínez  Reyes, Gabriel.Los prisioneros neogranadinos en la cárcel de Cádiz”. En Boletín de Historia y Antigüedades Volumen LXV Nº 722, julio, agosto, septiembre 1978. 
Pacheco Quintero, Jorge. “La visita del héroe”. En Revista. Hacaritama Nº 9 de 1935 y 10 y 11 de 1936.
Páez Courvel, Luis Eduardo. Precursores, mártires y próceres santandereanos en la Independencia de Colombia. Bogotá: Antares, 1950.
Páez García, Luis Eduardo. Historia de la región de Ocaña. Bogotá: Jaguar Group Producciones, 2009.
Páez, Justiniano J. Noticias históricas de la ciudad y provincia de Ocaña desde 1810 hasta la guerra de tres años. Bogotá: Biblioteca de Autores Ocañeros, Instituto Caro y Cuervo, Vol. 9. 1972.
Rodríguez Villa, Antonio. . El Teniente general don Pablo Morillo. Primer conde de Cartagena. Marqués de la Puerta (1778-1837). Tomo II y último. Madrid: Editorial América, 1920.

Sánchez N. Rubén y Molina López, Carlos. “Una página de historia”. En Revista Lecturas. Bucaramanga,  agosto de 1911.


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